Con su alforja repleta
de ilusiones,
masticando
el asfalto citadino,
con su cuerpo
inundado de emociones
a la urbe
se acerca el campesino.
Fueron duros
y amargos los momentos,
que vivió
en los eriales de su suelo,
saturado de
viles sufrimientos
victimarios
de sus vanos desvelos.
Desprovisto de miel
en su garganta,
sin la brisa
inclusora del ocaso,
cabalgando sobre
gritos que espantan
se aleja estridulando
su fracaso.
Los pájaros con traje
plomo oscuro
imprecan a los cielos
su abandono,
auguran temerosos
el futuro
que muerde su plumaje
con encono.
