Campos Ortega Romero
Escribimos estas letras sin olvidar el dolor de nuestro pueblo, mentido y burlado por el gobierno de turno, por las desgracias y penurias que afligen al hombre, mujer, niños sin importarle el futuro de ellos y más bien satisfaciendo los intereses políticos conservadores junto con los grandes medios de comunicación de nuestro país. Precisamente porque no queremos olvidar lo señalado, hacemos el compromiso de celebrar la dignidad humana, el afán insaciable de los humanos de afirmar la vida frente a la mala fortuna y la muerte, con el arte y las manifestaciones culturales.
A propósito de anunciar la realización de la novena edición del Festival Internacional de Artes Vivas Loja 2024, señalamos que: el arte es un canto a la dignidad, reúne en una marea continua a las generaciones pasadas y futuras, las culturas y los clanes, en torno a todas las manifestaciones artísticas, el arte establece la complicidad de la mirada entre personas que se maravillan juntas, creador y espectador, en la exploración de lo desconocido, por estas realidades y más: el 21 de marzo de cada año se celebra el Día Mundial de la Marioneta, gracias a la constancia y decisión de la Unión Internacional de la Marioneta, Asociación mundial que recoge este legado cultural tradicional y contemporáneo que sirve de nexo entra las personas titiriteras y los espectadores.
El títere o marioneta siempre ha estado ligado al ser humano, bien en ceremonias religiosas o en actos paganos. El hallazgo de figuritas articuladas de distintas épocas y civilizaciones así lo atestigua, como las pertenecientes al Antiguo Egipto y a diferentes culturas precolombinas. Asimismo, en su dimensión de teatro popular hecho para el pueblo y por el pueblo, los viejos titiriteros que recorrían ferias y mercados con sus marionetas y cachivaches tenían fama de ser profundamente críticos con el poder. En cualquier lugar de paso montaban su teatrillo y exhibían a sus héroes y heroínas, que a veces también ejercían de pícaras y villanos, y que apaleaban a la autoridad cuando abusaba de su poder, interpretando historias que ridiculizaban a la nobleza y que no dejaban títere con cabeza. La visión de este viejo arte, hasta hace unas décadas considerado como una actividad marginal y en otros casos profundamente ligados a ancestrales ceremonias religiosas, se ha transformado en las últimas décadas del S.XX y primeras del S.XXI influido por corrientes artísticas contemporáneas.
La celebración de este arte, propuesta por un titiritero líder en India, Dadi Pudumjee, fue aprobada con el fin de promover, valorar y difundir el arte de hacer teatro con muñecos de trapo, madera o papel y reconocer la labor del titiritero que da vida y personalidad al muñeco para imaginar mundos, contar historias y denunciar situaciones. El teatro de títeres se vale de diversos medios para desarrollarse, pues como arte no tiene aparentes límites, siempre apela al lenguaje plástico, crea convenciones que fascinan, metáforas que alimentan la creatividad y conducen a un mundo donde toda creación es posible para la magia de audiencias de todas las edades.
En el mundo actual, cada vez más cargado de estímulos visuales, el teatro de títeres se ajusta a esta nueva demanda social, el hombre de estos tiempos necesita que el mensaje sea inmediato, directo y sin mayores esfuerzos. El títere por su naturaleza pictórica, escultórica y visual, logra ser síntesis del mensaje, de un mensaje de vida. Es así como el títere, en su carácter estético, logra construir metáforas y símbolos que ayudan a la claridad en la escena o el mensaje para el público.
Tal como plantea el artista, titiritero y curador del Museo Vivo del Títere del Uruguay, Gustavo —Tato— Martínez: “El títere tiene una condición que en el niño se da de una manera que se nota más: es una de las artes que ocurren en la imaginación del espectador. A diferencia del teatro de actores, en el que el público brinda su voluntad para que el actor decida por él, el títere no tiene pies de verdad, no tiene ojos de verdad, entonces tiene ese poder de generar en la imaginación del espectador lo que está ocurriendo. Hay un juego de recreación. En el niño se acentúa, sobre todo en etapas en que no diferencia entre realidad imaginaria y objetiva: en la medida en que se está desarrollando una situación, para él se transforma en un hecho objetivo”. Se define al títere como todo objeto que se anima, mediante la interpretación se le da vida, trasciende la infancia y entusiasma a todo público. Los títeres son indudablemente herramientas formidables para facilitar la comunicación, para poner en palabras situaciones extremas, para fomentar la creatividad y la empatía, para enriquecer el vocabulario, la oralidad y la escucha atenta. Ojalá los responsables y realizadores del Noveno Festival Internacional de Artes Vivas, de nuestra ciudad, consideren la presencia de grupos de títeres. Así sea.
