La taxista y su lección

Diego Lara León

Hace pocos días leí algunos comentarios en redes sociales sobre si se debe conmemorar o celebrar el Día de la Mujer, en algunos de ellos insignes eruditos enviaban a estudiar historia a quienes “osaban” decir que celebrarían este día. Yo me quedo con uno de tantos comentarios, lamento no recordar el nombre de quien lo colgó en redes, ese comentario decía: “yo conmemoro la valentía de aquellas mujeres que murieron haciendo valer sus derechos y mostrando al mundo la injusticia que se cometía contra ellas, pero también celebro la vida de las mujeres que hacen del mundo un mejor sitio para todos”.

Ofrezco disculpas por escribir este artículo muchos días después del 08 de marzo, pero necesita ordenar mis ideas, sobre todo, luego de un bonito encuentro que tuve el día anterior al 08 de marzo.

Aquel 07 de marzo, mi agenda indicaba varias reuniones de trabajo en el centro de la ciudad, y preferí no ir en mi vehículo, por lo dificultoso de encontrar parqueo, así que opté por tomar un taxi, ese viaje es el causante de este artículo.

Quien manejaba aquel taxi, era una mujer, aproximadamente de unos 35 años. Me llamó la atención que estaba muy bien arreglada, tal cual una oficinista, el taxi por dentro era impecable, muy limpio, con un olor muy agradable; sin embargo, no se lo hice saber, pues iba “conectado” en los temas de mi próxima reunión.

Una pregunta de ella me regresó a la realidad, ella dama me dijo. “¿Sr. podría estacionarme por 1 minuto y hacer una llamada?, es urgente que lo haga, ¿no le molesta?” Yo miré mi reloj, y me di cuenta que iba muy bien de tiempo, así que le dije, ¡no hay problema, adelante!

Fue imposible no escuchar aquella conversación. Al otro lado del teléfono contestó una jovencita, que por su voz no creo tendría más de 15 años. Mi taxista le preguntó si había llegado bien del colegio, también indagó como había llegado su hermanita pequeña. Con lujo de detalles les indicó que el almuerzo estaba listo, solo de calentar, que se pongan a hacer los deberes, que los materiales estaban sobre una mesa. Le pidió que a una hora especifica salga a esperar el tanquero, porque por donde viven hace algunos días no hay agua, en fin, pasó revista a todo en su casa, al final se despidió con mucho cariño y prometió llegar a casa temprano para hacer la cena. Tal cual lo ofreció, esa llamada la hizo en menos de 1 minuto.

Luego de esa conversación, no pude seguir “concentrado” en mi próxima reunión, le pregunté por sus hijas. Me comentó que está orgullosa de ellas, que su esposo trabaja fuera de la ciudad en largas jornadas y que ella conduce el taxi para, juntos, poder dar una mejor vida a sus guaguas.

Realmente yo no quería llegar a mi destino, quería seguir conversando con aquella tan amable taxista, decidí felicitarla por hacer un trabajo no común para una mujer, al menos en nuestro medio, además le observé su impecable arreglo y lo limpio que estaba su taxi.

Lo que ella contestó, es quizá lo mas importante que quiero comentarles. Ella me dijo, “gracias Sr., hace años que lo hago, pero durante mucho tiempo nadie se ha había dado cuenta o al menos nadie me lo había dicho”.

Se han dado cuenta que quienes somos creyentes vivimos pidiendo bendiciones, pero a veces nos olvidamos que con un simple comentario o acción, podemos ser la bendición de alguien más.

Mi homenaje a la mujer que ya no está, y mi celebración a la vida de todas quienes si están y hacen de este mundo un mejor lugar. Como aquella taxista, hay miles de mujeres que, con valentía, inteligencia, ternura y esfuerzo, construyen desarrollo sin descuidar un minuto su rol de madre, esposa, hermana e hija.

¡Yo sí celebro el día, el mes y el año de la mujer!

@dflara