Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño
Mi ciudad, otrora bella, limpia y regia en todos los aspectos, hoy es un feo reflejo del descuido que ha imperado especialmente en las dos últimas administraciones municipales, que la tienen en el estado calamitoso en la que actualmente se encuentra, ante el asombro de los que habitamos esta amada tierra. Hablando del alcalde en funciones, es manifiesta su ineficacia para resolver los agudos problemas que aquejan al cantón Loja y sus trece parroquias que soportan la total carencia de obra pública, luego de ofrecer en campaña a diestra y siniestra haciendo alarde de una demagogia sin límite.
En casi un año de estar al frente de un cargo que ciertamente le quedó muy pero muy grande, el Lic. Franco Quezada no ha hecho nada en muchos frentes, por ejemplo, la vialidad urbana es deprimente, transitar por las calles de Loja se ha convertido en una dramática aventura que daña la amortiguación de los vehículos, y atenta contra la seguridad de los transeúntes pues los conductores en su desesperado afán de esquivar la enorme cantidad de baches existentes en ciertos sectores de la urbe, pueden ejecutar maniobras violentas que pueden en determinados casos perjudicar la integridad física de los peatones. Otra falla a corregir es el relacionado con el aseo de la ciudad, cuyos ríos desde hace mucho tiempo atrás se han transformado en cloacas pestilentes que transportan en sus turbias aguas toda clase de carroña y estiércol, se han sucedido alcalde tras alcalde y ninguno se ha percatado de la necesidad urgente de rescatar estas dos arterias fluviales tan importantes para el equilibrio ecológico de Loja, ciudad irónicamente premiada internacionalmente por “proteger el medio ambiente”.
Pero esto no para allí, es recurrente el reclamo angustioso de moradores de un creciente número de barrios que claman ante la ausencia del agua potable en sus casas por semanas enteras, una ciudadana decía que en su sector, habían tenido que recoger el agua lluvia para sus necesidades, mientras un ex alcalde, el Dr. José Bolívar Castillo hace unos pocos meses sostenía, que por odios personales y revanchismos político, se estaba dejando averiar una moderna planta de agua potable que se está oxidando sin uso, de ser cierta esta afirmación sería una verdadera estupidez, que solo por un revanchismo absurdo, se postergue el interés de un gran sector de la población que literalmente se muere de sed.
El puerto seco se debate en una amenazante crisis sanitaria, que pude generar una epidemia de incalculables consecuencias para quienes expenden sus productos en esa zona, como también para quienes tienen sus casas en dicho sector. En fin, esta breve reseña de lo que pasa en mi otrora reluciente, culta, y bella ciudad, que ahora mira impotente como sus calles se llenan de popo de perro, sus plazas invadidas de desordenados vendedores ambulantes, sus dos juguetones riachuelos, actualmente están repletos de inmundicia apestosa. Decía, que esta breve reseña, apenas si alcanza para dimensionar un poco el desastre causado por la desidia de autoridades incapaces de aportar con soluciones duraderas a los graves problemas que nos aquejan a todos, por eso ¡Qué pena me da mi ciudad!
