El poder de la mafia de comercialización de combustibles

Numa P. Maldonado A.

Nuestro “pobre” país no puede salir de la permanente crisis de desbalance fiscal, con deuda interna y externa, desocupación, pobreza, inequidad social e inseguridad cada vez mayores, porque ha sido tomado, desde décadas atrás, por una suerte de mafias perversas que, especializadas en grandes atracos, les importa un pito la suerte del país y de su gente. Una de estas mafias, enfermas de avaricia, corruptas y sin alma, es la que maneja el “espléndido negocio ilícito de la comercialización de combustibles”.

Negocio que, de no existir, ahorraría al gobierno entre 3.500 y 4.000 millones de UDS año. Veamos algunos datos obtenidos de la entrevista de Janet Hinostroza, de 1 de abril pasado, a Jorge Luis Hidalgo, experto energético: 1) Ecuador y Venezuela son los dos únicos países de América Latina que subsidian el gas doméstico, la gasolina y el diesel, en la herrada creencia de que se favorece a los más necesitados. ¡Una gran falacia! Los grandes beneficiarios son, precisamente, las clases alta y media alta, los grandes industriales y contrabandistas, los mineros ilegales y los narcotraficantes. Además, el combustible subsidiado se malgasta y contamina el ambiente. 2) Este es el caso del gas que se quema inicuamente en los pozos petroleros de la Amazonía, en lugar de explotarlo, porque si se lo hiciera afectaría el “negocio de importación de gas” de las mafias que lo monopolizan, y lo mismo ocurre con el mantenimiento de las termoeléctricas e hidroeléctricas, descuidado a propósito para generar la necesidad de compra de combustible, a enormes precios, por esas mismas mafias (todo un paquete siniestro de negocio corrupto manejado impúdica y cínicamente, con ayuda de políticos corruptos y del crimen organizado, metido en las altas esferas del gobierno y la Asamblea).

El ingeniero Hidalgo sostiene que, si fuera cierto que el subsidio a los combustibles favoreciera a los menos necesitados, nuestro país que ejerce este subsidio por más de 60 años, fuera muy otro, posiblemente un país con una clase media elevada y no con tan altos niveles de pobreza, desocupación y violencia. Países con clase política menos corrupta y población más madura como Costa Rica, Chile y Uruguay, que no subsidian los combustibles o lo mantienen muy regulado, y se rigen por buenos planes de seguridad energética nacional, destacan en nuestra América como buenos administradores del Estado y mantienen un nivel de bienestar social muy aceptable. Algo que, con las condiciones naturales que tiene el territorio nacional, no debería ser difícil de alcanzar si lo hubiera permitido el grupo de indeseables que nos ha gobernado.

Ojalá el presidente Noboa que, a pesar de sus desaciertos, aún tiene una aceptación significativa, o los que lo sucedan, alejados de las mafias políticas y narcopolíticas, y de los grandes corruptos, ávidos de poder y riqueza fácil, escuchen, en primer lugar, el clamor del pueblo por disfrutar de su derecho a un mínimo bienestar con salud, educación y trabajo honrado, y en segundo lugar, el consejo de los expertos y de la gente de bien que mira con claridad un mejor futuro para el Ecuador, si de verdad existiera una persona que, valiente y altruistamente, sea capaz de dirigir un buen proyecto de Estado sostenible.