Diego Lara León
Había una vez un rey muy joven, que por esas cosas de la vida tuvo que asumir el liderazgo de su reino a muy temprana edad.
Sentía que le sobraba energía y sueños, pero también se dio cuenta que le faltaba experiencia y sabiduría.
Su padre, el anterior rey, antes de morir, le entregó un solo consejo: “cuando no estés seguro que pasos dar, acude a los sabios, escucha a los experimentados”.
Como era de esperarse, inmediatamente tuvo que atender problemas muy importantes en el reino, en aquel tiempo los reinos enfrentaban “igual que los países ahora”, guerras, conflictos internos, pobreza, traiciones, etc.
Ante el grave problema, el joven rey reunió a su corte real y les pidió que ubiquen al sabio más prominente del reino. Varios días después, uno de sus ministros le indicó que habían ubicado al sabio más importante, pero que vivía en el lugar más alejado de todo el territorio real. El viaje le representó al rey 12 días de agotador andar. Cuando llegó, el anciano lo recibió con mucho cariño, pues había sido también consejero de su padre, el rey antecesor.
El joven rey le contó todos sus sueños, también todos sus miedos, estuvieron varios días recordando vivencias del pasado. Sin embargo, llegó el momento de partir, pero aún no había recibido ningún consejo. Al despedirse, el anciano le entregó un papel, en él estaba escrita una pequeña frase. Le entregó instrucciones precisas de abrirlo únicamente cuando la situación sea tan grave, que provoque desesperación en el monarca, pero también debía ser abierto cuando el rey esté en la situación más feliz y exitosa.
El joven rey regresó con algo de decepción, no lograba entender por qué había realizado un viaje tan largo para recibir como consejo real un pequeño papel.
Como buen rey cumplió la promesa que le hizo al sabio. Abrirá el papel y leerá el mensaje cuando esté en los momentos más graves y también en los más felices.
No pasó mucho tiempo hasta que enfrentó la primera gran crisis de su reinado, en el momento más desesperante, recordó el papel, y leyó aquel mensaje que decía: “este momento también pasará”. Sorprendentemente leer aquel sencillo mensaje, lo tranquilizó y permitió que tome buenas decisiones.
Con el pasar de los años el rey empezó a cosechar muchos triunfos, el éxito se convirtió en el común denominador de su reinado. Eso hizo que olvide el viejo papel, pero aquellos triunfos lo hicieron perder la humildad.
Un día, uno de los mejores días del reino, recordó la instrucción del anciano sabio: “en los días de gloria también abre el papel y lee el mensaje”.
Enseguida corrió a leer aquel mensaje que ya había olvidado. Con la felicidad y arrogancia que le había generado sus logros leyó “este momento también pasará”. Recién ahí, luego de tantos años entendió lo valioso del consejo del sabio anciano. El comprender aquello, lo convirtió en uno de los reyes más justos y valiosos que haya tenido aquel reino.
“Este momento también pasará”, nos enseña a mantener la calma en tiempos de crisis y la humildad en tiempos de éxito. No importa cuan grave o maravilloso sea un momento en la vida, todo es temporal.
La madurez y la sabiduría no son otra cosa que la capacidad de sobrellevar los altibajos de la vida con una perspectiva equilibrada.
Lo único constante es el cambio, por lo tanto, quien triunfa es aquel ser humano que es capaz de administrar el cambio.
Si mantenemos siempre presente que “este momento también pasará”, podremos enfrentar los desafíos y valorar los buenos momentos. El mundo en el que estamos es efímero y las circunstancias de la vida fluctúan con el pasar del tiempo.
Las sociedades tienen el error de confundir muchas veces el significado de palabras claves. Por ejemplo, la humildad es muchas veces mal entendida, se cree equivocadamente que una persona humilde es una persona que tiene carencias, por el contrario, la humildad es una virtud del ser humano que le permite entender que existe personas más grandes y más pequeñas, que el mundo es cambiante, que la mejor manera de subir no es bajando a quien esta arriba, porque estar en ese lugar será temporal, para el uno y para el otro.
Qué bien le haría a nuestra sociedad, a nuestra familia y a nosotros, tener presente que: “este momento también pasará”.
@dflara
