César Abraham Vallejo Mendosa nació en Santiago de Chuco el 16 de marzo de 1892. Siendo un brillante estudiante, en 1910 va a Trujillo a estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Libertad. Al año siguiente viaja a Lima con la intención de estudiar medicina, aunque renuncia la carrera y regresa a Trujillo en 1913 a la misma facultad, donde publica sus primeros versos y sale airoso con su tesis El romanticismo en la poesía castellana.
En 1925 viaja a España con una beca de estudios, pero después de dos años, renuncia. Luego va a Francia donde sobrevive como periodista y traductor, al tiempo que recorre varios países vecinos. El 15 de abril de 1938 dejó este mundo terrenal en París, a los 46 años en las condiciones más paupérrimas, por lo que, biógrafos autorizados afirman que murió de hambre.
Pero, autores y críticos del mundo lo catalogan como el poeta más sui géneris y excelso del siglo XX para Hispanoamérica. Sin embargo, no logró en vida cosechar sus éxitos, ni vivir de su creación poética, porque todo ser humano experimenta alguna vez golpes, «Golpes como del odio de Dios»; tales golpes son como «los heraldos negros que/ nos manda la Muerte», y dejan marcado al hombre «¡Pobre… pobre!». No canta a la vida como Neruda o Paz.
En vida no logró publicar todo su caudal literario. Solo editó Los heraldos negros en 1919, y Trilce en 1922. En la primera aún se nota la influencia modernista de Rubén Darío y de Julio Herrera, aunque incluye poesía sobre temas indígenas con estilo objetivo: Vierte el humo doméstico en la aurora/ su albor a rastrojo;/ y canta, haciendo leña/, la pastora/ un salvaje aleluya.
En Trilce, Vallejo rompe con el modernismo; ahora su poesía es auténtica, vanguardista porque se sale de las torres de marfil para reflejar con fidelidad la naturaleza de la realidad, convirtiéndose en una de las mejores voces del cambio social en la poesía latinoamericana: “El ñandú desplumado del recuerdo/ alarga su postrera pluma, /y con ella la mano negativa de Pedro/ graba en un domingo de ramos/ resonancias de exequias y de piedras”.
La fama de Vallejo llega tarde y luego de su muerte. En vida no pudo disfrutar de las delicias del triunfo y del dios dinero. Sus vienes quedaron como patrimonio de la humanidad. Ahí están los: Poemas humanos, París 1939; El romanticismo en la poesía castellana, Lima 1955; Una tragedia inédita, Lima 1952; Colacho hermanos, Lima 1956; Artículos olvidados, Lima 1960; España, aparta de mí este cáliz, Lima 1961; Rusia en 1931, Reflexiones al pie del Kremlin, Lima 1965; Novelas y cuentos completos, Lima 1967. El Tungsteno, 1966.
Con su obra amplia y de calidad, bien pudo disfrutar de una vida plena. Pero a Vallejo no le sonrió la suerte ni la dicha. ¿Acaso nació para el sufrimiento y la desdicha? No, porque la estrella es para todos, solo depende de circunstancias sicológicas, ideológicas, sociológicas y culturales que definen la personalidad y por ende el estatus social de cada ser humano.
