Quilanga, 25 de abril 2024
Paulo Freire, educador brasileño Paulo Freire nació en Recife, capital de Pernambuco, noreste de Brasil, el 19 de septiembre de 1921 y su fallecimiento se produce en la ciudad de Sao Paulo el 02 de mayo de 1997. Pedagogo, educador y filósofo, de entre los más notables de América Latina y del mundo, por su pedagogía crítica y de orientación marxista.
Inicia estudios en Derecho, luego los abandona para dedicarse a actividades de corte social y termina desarrollando métodos de alfabetización de adultos. Perseguido por la dictadura calificándolo de “subversivo internacional”, un “traidor a Cristo y al pueblo brasileño”. Empieza su peregrinar por La Paz- Bolivia, Chile, EE.UU. donde fue profesor de la Universidad de Harvard y mucho tiempo en Ginebra, en donde trabajó en el Consejo Mundial de Iglesia; regresa a su patria en los años ochenta y para 1989, asume el cargo de secretario de educación de la ciudad de São Paulo.
En el campo de la educación, su perspectiva está encaminada como proceso cultural y, sobre todo, comunicativo, en donde se busca de forma permanente la igualdad y la emancipación social, por esos, sus obras se convierten en un hito de inspiración para los movimientos populares, iniciativas de comunicación y organizaciones van tras la lucha por la vida en plenitud para todas las personas.
En las áreas de educación, derechos humanos, investigación y comunicación, preferentemente se devela un Paulo Freire referente intelectual, pero también personal, que, combina crítica, posicionamiento político y una acogida generosa y confiada a todas las personas. En la mente y el corazón de Freire cada persona, cada ser humano es único en su pensamiento y su ser pero que se complementa con el conocimiento de todos sus semejantes, entonces, en Freire, solamente, “el horizonte de la colectividad, fundada en el respeto a la igualdad en la diversidad, lleva a la verdadera liberación”.
Desde sus concepciones espirituales y religiosas identificadas con el Movimiento de la Teología de la Liberación, cuyo auge en América del Sur es innegable, luego del Vaticano II y acalladas sus voces a finales de las décadas del setenta y ochenta, nos deja una memoria profética, en su lenguaje y su profunda vocación de servicios, respeto , no existe ‘yo soy’, ‘yo sé’, ‘yo me libero’, yo ‘me salvo’; como no existe “yo te doy conocimientos”, “yo te libero”, “yo te salvo”; al contrario, “somos”, “sabemos”, “nos liberamos”, “nos salvamos”.
El lenguaje sencillo, alegré, concreto y práctico lo vuelve un profeta en su momento histórico y cuyas ideas se conservan en sus escritos y publicaciones, pero sobre todo en los ideólogos, pedagogos y un profundo pensamiento crítico que emerge desde el sur por la emancipación de todos los ciudadanos. Por eso Freire es acogido en el pasado y al presente no orece la oportunidad de profundizar sus ideas y continuarlas.
El testimonio de vida, sostenido en el trabajo, en el servicio y en la fe, interrumpen la cotidianidad del statu quo, en diferentes niveles, organizaciones y estados, por eso, la persecución de ayer, se prolonga también hoy, cuando no se aporta a procesos de liberación, democratización y participación con justicia y en fraternidad.
