¿Utilizamos bien el idioma?

Diego Lara León

Recuerdo con cariño a mis profesores de escuela que con mucha vocación, rigor académico y mano dura, por ese entonces, nos formaban en las letras y en la vida. Seguro fue duro impartir conocimiento y guardar la disciplina entre más o menos 50 niños (medio salvajes) que hacíamos mil travesuras y llenábamos de energía la querida escuela La Salle. Si pudiera escoger tres materias que fueron mis favoritas, sin duda, pongo en el primer lugar a las matemáticas, la entonces llamada gramática y la historia.

Aún tengo grabada en mi mente la clase de 5 grado (hoy sexto de básica) donde mi querido profesor Klever Matamoros, nos enseñaba la diferencia entre hábito, habito y habitó. Ahí entendí cuan rico, apasionante y complejo es nuestro idioma. Escribir y expresarse es sin duda un arte.

A lo largo de los años he aprendido que aquella complejidad en el idioma, trae serias distorsiones, que no solo provocan errores en la escritura, sino errores conceptuales y de interpretación que pueden tener efectos muy nocivos para la sociedad.

Veamos lo que pasa con la palabra humildad, ésta es una palabra muchas veces mas utilizada, para hacer relación a una persona vive en pobreza. En vez de decir “esta persona es pobre” se suele decir “esta persona es humilde”. Sin embargo, la humildad es un valor contrario a la soberbia, que posee el ser humano y que lo lleva a reconocer sus habilidades, cualidades y capacidades, y aprovecharlas para obrar en bien de los demás, sin decirlo. En otras palabras, cuando a alguien se le dice que es una persona es humilde, se lo está alagando.

Esos errores también suceden cuando hablamos de empresa, también hay enormes distorsiones. Alguna vez en un foro académico yo explicaba sobre los resultados de un proyecto social y me referí a éste como “esta empresa”, alguien muy indignado me dijo que, al ser un proyecto social, no puede ser una empresa. Me disculpé por haber emitido ese comentario sin antes aclarar el verdadero concepto de empresa, bueno yo asumí equivocadamente que aquel indignado profesional sabía lo que es una empresa. Uno de los conceptos más completos sobre empresa es el siguiente: “empresa es una organización de personas y recursos que buscan la consecución de uno o varios objetivos que generen beneficio y desarrollo”. Por lo tanto, desde el grupo de amigos que juegan fútbol el fin de semana, pasando por el servicio público, por la educación y llegando a la gran industria, todos, si señores, todos son empresas, porque cumplen con el principal requisito de ser un grupo de personas que persiguen un objetivo en común que genere beneficio.

Ya que hablamos de empresa, hablemos de otro término que se lo mal interpreta, hablemos del lucro. Cuando se dice lucro, mucha gente piensa enseguida en un personaje perverso que trata siempre de sacar dinero de cualquier actividad para su beneficio personal. Este es otro grave error, para corregirlo vamos nuevamente al diccionario para entender lo que es el lucro: “lucro es la ganancia o beneficio (no necesariamente financiero), que se obtiene al realizar una actividad”.

Superávit, beneficio, ganancia o excedente son sinónimos de lucro. Toda actividad donde está involucrada la utilización de recursos humanos, técnicos y financieros debe generar un beneficio que puede ser: beneficio social, beneficio ambiental, beneficio en la salud, beneficio en la educación y/o beneficio financiero. Si cualquier actividad que el ser humano haga no genera beneficio de algún tipo, estamos hablando de ineficiencia, de desperdicio.

Por eso cuando se habla de una empresa sin fin de lucro, algunas personas piensan que eso significa que aquella organización (pública o privada), no debe generar beneficios, creen que “sin fin de lucro”, significa “con ánimo de pérdida”.

La única diferencia entre una empresa con fin de lucro y una empresa sin fin de lucro es que en la primera los excedentes se reparten al final del ejercicio económico entre sus socios o accionistas; mientras que, en una empresa sin fin de lucro, los excedentes no se reparten a nadie, se reinvierten en la misma empresa. Pero ambas: las con fin de lucro y las sin fin de lucro deben generar beneficios (repito, no siempre financieros), caso contrario no deberían existir o debería repensarse su administración y operación.  No es posible el crecimiento sin que haya excedentes en la operación.

Si yo repito lo que otros dicen con errores, entonces soy parte del error. Los abogados dicen que el desconocimiento de la ley no me libra de culpa. Lo mismo pasa con el lenguaje.

@dflara