MADRE…

La maternidad adopta múltiples formas, no solo a través del acto físico de concebir y dar a luz en un mundo lleno de matices, controversias y maravillas. Una madre no solo habita en nuestro hogar; su presencia se siente en el amor de una abuela que, con años de sabiduría, rompe algunas reglas para crear momentos de felicidad inolvidable. Está también en el amor de quienes ayudan al prójimo, porque ser madre es asumir responsabilidades no obligatorias hacia aquellos que necesitan amor y apoyo.

Ser madre puede evocarse con flores una vez al año, cartas de amor, canciones, poemas y comidas especiales. Sin embargo, debe ser, sobre todo, sinónimo de coherencia en los actos cotidianos que construyen nuestras relaciones como hijos. Los frutos que cosechamos son resultado de las lágrimas y esfuerzos sembrados por ellas.

La tarea no es fácil; la moral, la ética y los valores están en peligro de extinción en nuestra sociedad. Cada madre experimenta al menos un pequeño temor ante la posibilidad de ver a sus hijos hundirse en ese pantano, sintiendo impotencia y frustración al pensar que sus esfuerzos pudieron ser insuficientes o incorrectos. Ser madre es un compromiso renovado cada amanecer, enfrentando cada desafío con amor y valentía, esperando muchas veces solo un escueto agradecimiento por el arduo y subvalorado trabajo de despojarse del ego propio para entregarlo todo a sus hijos.

En este momento, mientras aún sentimos la gratitud de una jornada de detalles, reflexionamos sobre cómo seguir esculpiendo nuestro homenaje a ese ser único que jamás será igualado.

¡Feliz inicio de esa construcción!

José Antonio Mora