Por: Sandra Beatriz Ludeña
En tiempos como los que corren, donde las pantallas con su TikTok, Facebook, Instagram y otras, nos mantienen capturados, parece misión imposible tomar dominio de nuestro cerebro y aprender a gestionar por nosotros mismos los niveles de ansiedad, estrés, aburrimiento, frustración y más.
Lo cierto es que las redes sociales fueron creadas por los grandes magnates de la industria del entretenimiento para ser adictivas, es tan grave porque la adicción a la tecnología de las pantallas es tan real como la adicción a las sustancias psicotrópicas.
Resulta cierto, decir que en los tiempos que vivimos estamos tan apegados al aparato conocido como celular que nos puede hacer falta cualquier cosa menos el teléfono y esto significa haber cedido el control de nuestro cerebro.
En tales condiciones, cada día y con más frecuencia sabemos gestionar menos nuestros estados emocionales, por esto, tenemos un cerebro incapaz de generarnos estados de plenitud y, la razón de todo esto en realidad radica en que existe una crisis de atención, pues, hay billones de bits de información ingresando a nosotros por los sentidos, pero, de toda esa información muy poca queda impregnada en nuestra atención.
Esto es lo que se llama la crisis de atención, estamos dedicando las horas y días a ponerle atención a lo que se encuentra en las redes sociales, a repetir rutinas de pensamientos que nos vienen pre elaborados, que influyen y que a la final solo dan buenos resultados para quienes manejan ese libreto de entretenimiento.
Esta inacabada realidad nos hunde en la pobreza mental, y ciertamente la modernidad está impidiendo que la humanidad tenga transformaciones estructurales —materiales de hecho—, que sostengan a una sociedad pensante.
Entonces, cómo capturar nuestra atención es la pregunta clave, ¿cómo salir de estas modalidades de pensamiento banal?, que, aunque ayudan a millones de personas a calmar su estrés, tienen un altísimo costo vital y, porque se han naturalizado y exhiben un dominio social como expresión indiscutible de su preeminencia, pero no ayudan al desarrollo humano.
Se vuelve indispensable ver cómo se va ampliando en nosotros todo aquello en lo que enfocamos la atención, empezar por pequeños ejercicios, ir sacando criterios de cómo en la medida en que dirigimos la atención hacia las cosas o aspectos que nos gustan o nos son favorables, obtenemos mayores oportunidades de acceder a eso, precisamente porque nuestro cerebro se encarga de enviarlo a nuestra realidad.
La crisis de atención es la responsable de lo que vivimos, si nos enfocamos en soluciones encontramos soluciones, si nos enfocamos en conflicto viene el conflicto. Las elecciones y dónde colocamos la atención es la clave.
