Don Juan a muerto, hoy vive Narciso

Diego Lara León

Hace unos días llegó a mis manos el libro “Los Tiempos Hipermodernos” del sociólogo y filósofo francés Gilles Lipovetsky. Este investigador ha desarrollado una teoría crítica sobre la evolución de la sociedad contemporánea, es decir, la sociedad de hoy, él la define como “la teoría de la hipermodernidad”. Esta teoría surge como una crítica a las ideas postmodernas que dominaron el pensamiento filosófico y social en la segunda mitad del siglo XX. Lipovetsky analiza los cambios culturales, sociales y económicos que caracterizan nuestra época, destacando el papel central del individuo y la transformación de las sociedades, que son cada vez más dinámicas.

La hipermodernidad, según Lipovetsky, pone énfasis en la racionalidad, el progreso y la autonomía, sienta las bases de una sociedad donde el cambio constante es la norma. La hipermodernidad lleva estas tendencias a un nuevo nivel, donde el cambio acelerado, la inestabilidad y la globalización son elementos fundamentales.

En la era hipermoderna, el individuo se encuentra en el centro de la vida social, pero esta centralidad no es sinónimo de autonomía, al contrario, el individuo hipermoderno está constantemente sometido a las influencias de una sociedad de consumo que promueve una búsqueda incesante de satisfacción personal a través del consumo de bienes y experiencias. “Ya no estamos en la sociedad del consumo, sino en la del hiperconsumo”. En la década del cincuenta o sesenta había un televisor, un teléfono y un automóvil por familia, el consumo era colectivo, era familiar. Hoy, vemos un pluri equipamiento de los hogares, ya que allí donde antes existía equipamiento colectivo, ahora existe equipamiento por persona. Hoy nos enfrentamos a una híper individualización del consumo (un televisor, computador, auto, teléfono por persona).

Hoy la gente quiere sentir cosas, vivir experiencias nuevas. Esta conducta representa una paradoja, porque a pesar de ser emocional, no es un consumo impulsivo, sino reflexivo e informado.  Además, este neoconsumidor, mientras más compra, mayor conciencia ecológica y preocupación sanitaria demuestra.

Lipovetsky también señala la aparición de una nueva ética en la hipermodernidad, la cual se caracteriza por un pragmatismo individualista, esto significa que los valores tradicionales, como la solidaridad y el compromiso comunitario, se ven desplazados por una ética de la eficacia y la autorrealización personal. Las personas están más preocupadas por su propio bienestar y éxito, lo que debilita los lazos sociales y comunitarios. Sin embargo, esto no significa una desaparición completa de la ética; más bien, se transforma en una ética adaptada a las nuevas condiciones sociales y económicas de la hipermodernidad.

Me quedo con el siguiente texto de su libro: “No estamos en decadencia, estamos en una sociedad compleja, donde todo se debate, y hay mucha incertidumbre. Pero también hay valores universales. Sin dudarlo, estamos en sociedades en conflicto y en debate permanente, pero ese es el precio que debemos pagar por vivir en sociedades libres”.

Lipovetsky, sostiene que pasamos del capitalismo de producción al capitalismo cultural, y, de un consumidor de estatus a otro de tipo emocional. “Ya no compro para otros, sino para mí”. “A muerto Don Juan, hoy vive Narciso”. El consumidor de hoy ya no prioriza el agradar a los demás, prioriza el verse y sentirse bien, por lo tanto, el consumidor de hoy ya no compra primero para el resto, compra primero para él.

El consumidor de hoy no quiere un producto, quiere la experiencia que le ofrece ese producto. ¿Qué estamos vendiendo en nuestras empresas, productos o experiencias?

@dflara