Fernando Oñate Valdivieso
Según cifras estatales, en el Ecuador el número de divorcios ha incrementado de manera muy significativa, en tanto que los matrimonios son cada vez menos frecuentes. El tiempo que dura un matrimonio disminuye y el mutuo acuerdo, es la causal más común para un divorcio. Probablemente el mutuo acuerdo nace de asumir que es más fácil separarse por las diferencias que complementarse y aprender.
En muchos casos, el Señor nos lleva a una relación con alguien con quien aparentemente no somos compatibles y, además, es débil en áreas en las que se quisiera contar con una persona mucho más fuerte. Pero, ¿por que hace esto? La respuesta se encuentra en el propósito que el Señor tiene para sus hijos: que lleguemos a ser conforme a la imagen de Cristo.
Cuando hablamos de la imagen de Cristo, vienen a nuestra mente muchas características sobresalientes, pero hay tres excepcionales: amor incondicional, misericordia y gracia. Si hay tres cosas en las que deberíamos ser como Él, son estas tres.
Pero ¿cómo aprender sobre amor incondicional si estamos casados con alguien que reúne todas las condiciones?, ¿cómo aprender paciencia, misericordia y compasión si estamos casados con alguien que nunca te ha fallado, que nunca te ha lastimado o que nunca ha tardado en reconocer su culpa y ha pedido perdón oportunamente?, ¿cómo aprender sobre la gracia y cubrir con nuestro favor sin esperar nada a cambio, si estas casado con alguien que merecería solo cosas buenas?
El matrimonio es una escuela de santificación cimentada sobre el amor. Probablemente usted está casado con una persona que no reúne todas las condiciones, pero aceptar este hecho y sobrellevarlo le hará aprender el amor incondicional. Si está casado con una persona que comete errores frecuentemente, que necesita misericordia; pues por amor, con esa persona aprenderá a tenerla. Si está casado con alguien que en ocasiones puede que no sea recíproco, el amor lo llevará a que se entregue por gracia, sin esperar nada a cambio.
El matrimonio no debe ser entendido como un acontecimiento social, o como una nueva faceta que puede estructurarse según preferencias y valores personales, el matrimonio es de hecho una alianza de amor establecida por Dios, mediante la cual, dos se transforman en uno. El matrimonio y la vida familiar son parte del magnífico plan que el Señor tiene para sus hijos; por esto, a pesar de las adversidades, prosigamos el camino con Cristo, juntos.
