Por: Sandra Beatriz Ludeña
En los últimos escenarios de persecución de la corrupción en nuestro país, hemos visto con sorpresa como las parejas sentimentales de los narcos traficantes más buscados han sido aprehendidas, esto deja al descubierto problemáticas invisibles de las cuales no se habla.
Por tal razón expongo realidades en las cuales por repetidas ocasiones la comisión de los delitos está influida por la relación de pareja, particularmente en el caso del narcotráfico. En estudios serios realizados en Ecuador, como son los textos de Elena Azola se evidencia como el juego de seducción y afecto por parte de los hombres pesa para que las mujeres acepten delinquir en las redes del narcotráfico, llegando ellas hasta autoinculparse para protegerlos.
Lo cierto es que las mujeres con una historia de vulnerabilidad y discriminación, con oportunidades tan disminuidas, son víctimas del abuso de poder de sus parejas, siendo manipuladas, mas, al caer presas por tales delitos son juzgadas en procesos dudosos, en otros casos son presionadas para confesar algo que no cometieron; así podemos cerciorarnos que la misma fragilidad e indefensión que experimentan afuera de prisión, también se extiende al interior de las cárceles.
Estas señales son muy alarmantes, pues, se trata de un deterioro de la sociabilidad. Surgen así inquietudes acerca de la dinámica social y los elementos que ahondan las circunstancias catastróficas de mujeres encarceladas. La evidencia que mana de los pocos estudios que se realizan para saber en qué condiciones, vive la mujer en las cárceles del país, deja ver el deterioro social y la ineficacia del sistema estatal, lo que impide no solo acciones judiciales esclarecedoras, sino demandas más firmes para exigirlas.
En este punto, Azola destapa con la exploración testimonial la violencia en el sistema, la misma que se vive desde la infancia. El tráfico de drogas, la explotación sexual y la situación de los niños son las variables sociales que destinan a los infantes, a futuros actos de criminalidad.
Al parecer la vulnerabilidad ante la violencia aumenta si en la familia hay discapacidad, consumo de drogas o alcohol y pobreza. Esto mengua las relaciones sanas de apego sentimental, creando dependencia e inseguridad, esto aumenta las probabilidades de permitir la explotación sexual.
Finalmente, ¿cómo se zurcen estos rotos sociales? Azola nos propone la recuperación social y personal de la dignidad y de vínculos. Incluyendo, a nivel más amplio, vencer la ineficacia de las políticas públicas, siendo conscientes de la situación, escuchando a la ciudadanía y creando alternativas propias de la sociedad civil. Sin esto, estamos expuestos a “Ojos que no ven corazón que no siente”.
