Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
La xenofobia es un pretexto para someter; es así como el ser humano ha permitido que, a través de la exaltación del odio, se cometan atrocidades al prójimo que es idéntico a sí mismo; nuestra especie ha usado la crueldad en contra de sus semejantes, ha llegado a desempolvar criterios genéticos para justificar sus brutalidades y a manchado el nombre de Dios en el intento.
Una absoluta ignorancia ha sostenido esta aversión al “otro” desde el principio de los tiempos; el viento no se alquila, el cielo no se vende, suficiente espacio hay para agitar todas las banderas con empatía, pero aún no estamos listos para esa platica; las actitudes desalmadas, las sanciones e imposiciones contra las trágicas migraciones en este mundo supuestamente civilizado, estos tiempos de amargo resentimiento han visto el crecimiento de pequeños hombres que se creen grandes líderes, pero cuyo mensaje desborda las cloacas del racismo, única profundidad donde resuena su eco; los xenófobos personajes deben ser rechazados y evitar se asienten un futuro sobre ellos.
La xenofobia se hace más contagiosa durante las pandemias, es posible que sean una cepa para la que no tengamos cura; la crisis global es usada como pretexto para agredir a minorías que, de por sí, sufre discriminación y crímenes de odio como los refugiados; solo nos basta navegar un par de minutos en las redes sociales para encontrarlo; es inaudito que se sigan reduciendo las estúpidas disputas que se esconden en el delirio cultural, étnico o religioso, pero que en el fondo son parte de intereses del poder político; estamos en el ojo de un ciclón perfecto, épocas de incertidumbre, crecimiento de la desconfianza, retorno de las dictaduras; solemos sentirnos más seguros con lo que conocemos, los cercano, y por esto pensamos, ingenuamente, que la amenaza viene “de afuera”
No ha pasado ni un siglo desde que los nazis tomaron el control en Alemania; este puede ser el ejemplo más repulsivo de la historia contemporánea y por supuesto, el que más demuestra cuán peligroso es exaltar los odios; el populismo encuentra tierra fértil en las crisis económicas y sociales; la ignorancia y el racismo desembocaron en la peor guerra que ha vivido el planeta, con campos de exterminio y el terror atómico; el desarrollo vertiginoso de las comunicaciones, que pudo ayudarnos a tener una humanidad más unida, ha servido de puente para transmitir los mensajes de violencia y rencor que anidan entre los grupos sectarios, los cuales, de forma casi inmediata, se identifican y se fortalecen como pequeños islotes donde se cultiva la mentira; ningún argumento justifica la xenofobia.
Cualquier apología es despreciable si busca promover la exclusión social y lo es mucho más cuando usan la palabra de Cristo como aval; estamos indignados de los que les echan a los inmigrantes la culpa de los males que ya existían; ser solidario, ofrecer hospitalidad y especialmente cariño; eso nos hace pensar sobre el desamparo propio, todos tenemos un migrante guardado en lo más interno; no sabemos si algún día nos tocará huir y conocer el éxodo.
Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Ced. # 1100310455
