No atraigamos el fracaso

Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño

En febrero de 2025, el pueblo ecuatoriano tiene otra vez la oportunidad de escoger a sus próximos gobernantes para un periodo de cuatro años; para ello, debemos estar imbuidos de un alto espíritu de patriotismo, mucho más allá de nuestras simpatías personales por un determinado postulante a la más alta dignidad. Tomando plena conciencia de que el país y su destino es lo que está en juego.

Por eso, debemos erradicar para siempre criterios tan comunes como los que expresan muchas personas, que dicen: “A mi me da igual gane quien gane, total nadie me da de comer”. Por opiniones como esta, nos va como nos va; es que la gente toma con demasiada ligereza las elecciones, y no con la responsabilidad que debería hacerlo, algunos dicen que ellos votan solo por que necesitan el certificado de votación, otros, en cambio, manifiestan que están decepcionados de la clase política del Ecuador, porque una gran mayoría tiene una enorme nariz, como el muñeco pinocho, de tanto mentirle al pobre pueblo.

También hay una cosa muy clara, los políticos se han ganado solitos y con creces la pésima fama que ahora tienen, por los escandalosos casos de corrupción en los que se han visto envueltos en toda la historia republicana. Precisamente por eso, tenemos que aprovechar esta nueva ocasión que nos dará la democracia para ejercer uno de los derechos más importantes que tenemos: el del sufragio, y debemos realizarlo despojándonos de todo egoísmo, anteponiendo los intereses colectivos a los de tipo personal, buscando a los hombres y mujeres más idóneos para guiarnos por el sendero del progreso que todos anhelamos. Castiguemos, con nuestra indiferencia en las urnas, a quienes pretenden llevarse en hombros las riquezas de la patria, y conciben a nuestro territorio como una hacienda familiar; a los que quisieron quitarnos la ilusión y el orgullo de sentirnos ecuatorianos.

Desde ya abriguemos el deseo ferviente de que seremos testigos de un cambio radical de la situación actual de todos quienes habitamos por ventura divina en el hermoso centro del mundo, con la esperanza de que no moriremos de sed junto a la fuente, mientras cuatro ratas se festinan el queso de nuestra riqueza.

Tengamos fe de que juntos podemos alcanzar forjar una patria, altiva, digna, y soberana, la que dejaremos a las generaciones que nos sucedan. Que no caigamos en errores que atraigan fracasos como el que ahora mismo soporta nuestra ciudad con una administración municipal, totalmente carente de iniciativas en favor de amplios sectores ciudadanos y encima con quistes de corrupción. Falta siete meses para meditar en la mejor opción, para no seguir atrayendo el fracaso. (I)