El baúl de los recuerdos: “Shejo” Romero, el aviador intrépido

Efraín Borrero E.

En la tarde del día primero de septiembre de 1982, el avión Caribú DHC-4 de fabricación canadiense, bautizado como Reina del Cisne, con cuarenta y cuatro personas a bordo y piloteado por el Capitán de Aviación Sergio Ernesto Romero Witt, partió en vuelo regular desde el aeropuerto de Catamayo con destino hacia Zumba, cabecera cantonal del cantón Chinchipe en la vecina provincia de Zamora Chinchipe.  

Rayando la noche las radioemisoras locales informaron que el avión de la Aerolínea Cóndor, fundada por el mismo “Shejo” Romero, como afectuosamente lo llamábamos, no había llegado a su destino. La noticia se extendió rápidamente por nuestra ciudad con honda preocupación, y como siempre ocurre en estos casos a la espera de lo peor.

Al día siguiente, desde primeras horas de la mañana algunas avionetas de parientes y amigos llegaron al aeropuerto de Catamayo para integrar una minga de búsqueda del avión. Desde Loja se desplazaron varios reporteros en pos de noticias, entre ellos el destacado y apasionado periodista Eliseo Gordón Cabrera, que por aquel tiempo era colaborador de Diario Crónica y corresponsal de los diarios El Universo y Expreso, además de profesor e investigador.  

Es que Sergio Ernesto Romero Witt, nacido circunstancialmente en Quito el 7 de noviembre de 1941, hijo de los zarumeños Sergio Aparicio Romero González y Lucrecia Eneida Witt Rossi, era un hombre muy apreciado por su calidad humana; desprendido, valiente, amante esposo y buen padre de familia, además de ser admirado como piloto excepcional por sus hazañas.

En Zaruma lo consideraron siempre hijo predilecto, y en Loja, en donde estaban sus raíces por vía materna a través de su abuelo Juan Ernesto Witt Añasco, el afecto era muy especial.  

Eliseo Gordón no quiso ser un simple receptor de información sino parte activa de la tarea de búsqueda. Con astucia se embarcó en la avioneta piloteada por José Romero Witt que en pocos minutos se llenó de gente. Años más tarde se encontraron en un evento cultural y comentaron las peripecias del vuelo, especialmente por el exceso de peso y las condiciones del tiempo. Los otros hermanos: Enrique y Oswaldo Romero Witt también eran pilotos de Aerolíneas Cóndor.    

Tres días duró la búsqueda, hasta que encontraron el avión destruido en la Cordillera Sabanilla, a 15 kilómetros antes de llegar a Valladolid. Posteriormente se estableció que el accidente se produjo por la abundancia de nubes que impedían visibilidad. Todos los ocupantes del avión fallecieron.

El trágico suceso conmovió a los habitantes de la región sur del país. Prestigiosos articulistas de diarios locales y nacionales expresaron su pesar; varias personas e instituciones hicieron pública su solidaridad y los homenajes post mortem de reconocimiento y gratitud fueron múltiples.

Walter Burneo Toledo, que en su momento se desempeñó como Procurador Síndico del Concejo de Chinchipe, me comentó que la situación de Zumba era desesperante por el aislamiento ante la falta de una vía de comunicación que le permita conectarse con Loja.

Dice que por los años 1969-1970 se encontraba al frente del Batallón Zumba el Mayor Gonzalo Armendáriz, un oficial pundonoroso y amigable con la población quien motivó a las autoridades locales y pueblo en general para que se construya una pequeña pista de aterrizaje, ofreciéndoles que un amigo suyo, de profesión piloto de aviación, vendría en su avioneta para estrecharles la mano y brindar el acontecimiento con un espumoso champán.

Con el entusiasmo en alto, Segundo Vallejo, Presidente del Consejo Cantonal de Chinchipe, coordinó la minga ciudadana y con el apoyo del ejército se construyó una pista de 300 metros, rebanando con pico y pala la loma del sitio La Cordillera, a unos 5 kilómetros del centro poblado.

Concluida la obra el Mayor Armendáris tomó contacto con su amigo piloto y le dio las coordenadas. Sugirió que en la fecha prevista la gente se ubique a un costado de la pista para guiarse, así como encender una fogata para conocer la dirección del viento a través del humo, ya que no tenía ninguna carta de navegación ni ayuda.

Llegado el día el piloto cumplió su palabra y aterrizó en Zumba marcando un hito histórico. Autoridades y pobladores lo abrazaron y aclamaron con euforia, tal como ocurrió con el capitán Cosme Renella Barbatto quien aterrizó en la planicie del actual parque Jipiro de la ciudad de Loja, el 5 de diciembre de 1924, luego de su peripecia y aterrizaje forzoso en predios de la hacienda La Tina, en territorio peruano, al otro lado de Macará.

Esta pista prestó un invaluable servicio a la comunidad por algún tiempo, ya que la compañía aérea Alas de Socorro con sede en Pastaza salvó muchas vidas transportando enfermos desde Zumba a dicho lugar.

De este extraordinario acontecimiento se generó en las autoridades del Concejo Municipal la idea de construir una pista más grande, a fin de que puedan aterrizar aviones con mayor capacidad de pasajeros y carga. Para hacer realidad este propósito se adquirió un tractor D5 Internacional.

El problema era cómo transportar esa maquinaria pesada desde el valle de Quinara hasta Zumba. Dice Walter que fue la tenacidad e ingenio del Presidente del Concejo, de los señores concejales y de sus inmediatos colaboradores, como Artimidoro Rodríguez, Mario Bustos y el propio Walter Burneo Toledo, quienes, luego de un largo peregrinar lograron que la compañía petrolera “Texaco” facilitara un helicóptero. Fue muy importante el apoyo de Segundo Pavón y el afán decidido y patriótico del Presidente de la República, José María Velasco Ibarra, quien deseaba conocer ese Edén habitado por lindas mujeres y valientes hombres.

Se dice que, en algún momento, Velasco Ibarra apuró el viaje a Zumba. El piloto le comunicó que las condiciones climáticas no permitían el vuelo; sin embargo, el Mandatario insistió con cierta molestia ante lo cual el piloto respondió: Usted manda en la tierra y yo en el aire, señor Presidente. Al final, Velasco Ibarra se quedó con el deseo de visitar Zumba para siempre.

La obra duró más de dos años en su construcción, y como Zumba se encuentra ubicada en las estibaciones de la cordillera suroriental hubo necesidad de hacer grandes rellenos y cortes prolongados de montículos, todo lo cual se trabajó técnicamente con el D5 Internacional operado por Luis Stalin Burneo Toledo.

Superando todos los inconvenientes llegó el día de inaugurar con bombos y platillos la pista de 1200 metros de extensión, y aunque únicamente era lastrada estaba apta para el aterrizaje de aviones con mayor capacidad.

Se sabe que en esas circunstancias el General Guillermo Rodríguez Lara, quien gobernaba el país, decidió viajar a Zumba siendo el primer mandatario que haya visitado ese olvidado sector de la patria. Rodeado de hombres y mujeres resignados a su propia suerte prometió la construcción de la carretera Yangana- Zumba, siendo Ministro de Obras Públicas el lojano Rafael Rodríguez Palacios.

El tiempo transcurrió y la pista de aterrizaje de Zumba, construida con supremo esfuerzo colectivo, no cumplía el propósito fundamental de transportar pasajeros y carga hasta el aeropuerto de Catamayo. Entonces pensaron en “Shejo” Romero, porque además de su experiencia profesional como piloto de aviación en las compañías aéreas: Tao, Americana de Aviación, Sedta, Lansa, Viansa, Saeta, San y Andes, y “su habilidad, osadía, conocimiento y destreza profesional para sortear dificultades geográficas y climáticas,” era un hombre con extraordinaria fuerza humana, alto espíritu de servicio a la colectividad y generosidad sin límite.  

Una vez lograda la anuencia del intrépido piloto, cuya aceptación estaba cargada de “heroica actitud y ejemplar devoción de servicio a los pueblos olvidados del sur del Ecuador”, las mismas autoridades colaboraron en la tramitaron de la autorización para establecer los vuelos regulares desde el aeropuerto de Catamayo hasta Zumba y viceversa, a cargo de la Compañía Aerolíneas Cóndor, constituida con ese propósito el 3 de enero de 1978.

De esta forma “Shejo” Romero contribuyó apasionadamente a la integración del sector fronterizo suroriental con el resto del país, dejando atrás el duro peregrinar por el camino de herradura, además de marcar un nuevo estilo de vida en sus habitantes. El primer vuelo se realizó en marzo de 1978.  

De “Shejo” Romero se cuentan muchas anécdotas y hazañas, algunas de ellas relatadas por Alfonso Coronel en su magnífico libro dedicado al personaje, quien refiere una nota de prensa publicada en el quincenario “El Criterio” de fecha 13 de abril de 1963, que da razón del admirable aterrizaje que hizo en una avioneta Piper en el campo deportivo de la Escuela Salesiana de Zaruma, el día martes 16 de ese mes, en compañía de su amigo zarumeño Manuel Ignacio Carrión Guzmán.    

Eduardo Moncayo, que en aquel tiempo era Capitán de Ejército, cuenta las suyas, como aquella que un día sábado «Shejo» Romero aterrizó sorpresivamente en Santiago de Méndez, provincia de Morona Santiago, y como el avión era de color verde parecido al del ejército peruano «tocó mandar zafarrancho» y todos en sus posiciones apuntaban al avión y lo tomaron prisionero. Aclarada la situación lo liberaron.

No cabe duda que “Shejo” Romero se constituyó en ídolo de zarumeños, lojanos y zumbeños, que lo declararon su hijo predilecto, ya que además de haber convertido en una leyenda su maestría de volar y cumplir una labor social encomiable, era un hombre de bien en toda la riqueza de su ser, además de expresivo, cálido y jovial.

Por obvias razones la mayor admiración está en los descendientes directos de Sergio Ernesto Romero Witt, quien fuera casado con la bella y espiritual dama machaleña, María Rosa Jarre Minuche, contándose entre ellos a las familias Rodríguez Romero, Coronel Romero y Samaniego Romero.

De los hermanos Coronel Romero: María José, Fabián, Sergio y María Paula, sé cercanamente la veneración que guardan a su abuelo a quien no conocieron, pero saben de su vida y trayectoria por varias fuentes como la de su abuelita María Rosa, quien deseaba fervientemente que algún miembro de la familia visitara el lugar del siniestro. Su nieto, Sergio Coronel Romero, al que también llaman “Shejo”, la abrazó con profundo cariño y le prometió cumplir ese anhelo. María Rosa le entregó las alas insignia del uniforme que su abuelo lucía para que las conserve como un tesoro.

La oferta se hizo realidad el 28 de agosto del 2022 luego del fallecimiento de María Rosa Jarre Minuche. Con la promesa en firme «Shejo» Coronel fue a la montaña en busca de su antepasado. Venciendo la agreste naturaleza y las adversidades del riguroso clima llegó a la “Quebrada de los Muertos”, llamada así porque se asegura que en ese sitio encontraron algunos cadáveres.  

Continuó la travesía motivado por su ferviente deseo de cumplir el objetivo final. Con el impulso de su fuerza interior llegó al lugar de la tragedia y allí encontró las partes del avión Caribú que había sido traído desde Tanzania, en África Oriental.

“Shejo” Coronel dice que realizó el viaje para honrar a sus abuelos y a su familia. A los pocos días de su esforzada expedición decidió grabar en uno de sus brazos las coordenadas del lugar donde ocurrió el accidente, porque abriga la esperanza de regresar allá donde la memoria de su abuelo yace incólume, abrazada por la caprichosa naturaleza que un día primero de septiembre de 1982 decidió retenerlo para siempre.