“Aprovecharse de un cargo público o privado para enriquecimiento ilícito personal o familiar, resulta hoy ya no un acto inmoral, sino un acto criminal, detestable y abominable”.
La corrupción es una amenaza global. Es un serio obstáculo para el desarrollo económico, agrava la desigualdad y la injusticia y socava la estabilidad, especialmente en las regiones más vulnerables del mundo. Es una barrera para el desarrollo y desvía recursos de los esfuerzos de erradicación de la pobreza y el desarrollo sostenible y ha instado a los Estados que aún no lo han hecho a ratificar y adherirse contra ella.
La corrupción muestra una mala gobernanza. En el ámbito político, socava la democracia y el buen gobierno al perturbar los procesos formales y las reglas de conducta; erosiona la capacidad institucional del gobierno, ya que se ignoran los procedimientos establecidos, se desvían recursos y se asignan o ascienden funcionarios sin importar el desempeño. La corrupción en las elecciones, generalmente, elige a las personas equivocadas, que la mayoría de las veces anteponen la codicia personal a los intereses nacionales. La corrupción en los órganos legislativos socava la rendición de cuentas y la representación en la formulación de políticas. En el ámbito administrativo, la corrupción se traduce en una prestación desigual de servicios, lo que mina la legitimidad de los Estados y, en casos extremos, puede volver ingobernable a un país y generar inestabilidad política y conflicto social. La corrupción en el poder judicial elude el estado de derecho y, a menudo, la justicia se imparte tarde o incluso se niega. En resumen, la idea de combatir la corrupción mediante la promoción del buen gobierno se ha extendido por todo el mundo. Al mismo tiempo, las naciones del mundo no están aisladas de las interacciones económicas y políticas internacionales, lo que hace que los esfuerzos conjuntos valgan la pena. Los expertos señalan que la corrupción es uno de los problemas más difíciles de la sociedad actual. Su impacto en los pueblos y aldeas del país es extremadamente profundo y representa una amenaza a largo plazo para su cultura, economía y bienestar de las personas y las provincias donde residen. Algunas de las causas sociales y económicas hacen que las personas en países corruptos sigan siendo pobres y analfabetas, y que sufran altas tasas de mortalidad infantil y en la niñez, bebés con bajo peso al nacer, así como altas tasas de deserción en las escuelas primarias. También la corrupción aviva el deterioro de la calidad de la infraestructura pública. Reduce la productividad. Es probable que la corrupción distorsione los mercados e imponga costos importantes a la economía. La corrupción obstaculiza la inversión, reduce el crecimiento económico, restringe el comercio, distorsiona el tamaño y la composición del gasto público; en definitiva debilita el sistema financiero. Si la corrupción no se controla, es posible que siga una trayectoria cada vez mayor hasta sofocar toda la actividad económica. Tengamos mucho cuidado con esta palabra, porque no queda mal solo el corrupto sino toda su familia y allegados.
