A MI PADRE.-

Miguel Ángel.

Mi Viejo lindo, terminó cansado

de bregar por la vida, por sus hijos

y aunque parece se le habían velado,

en los suyos, tuvo los ojos fijos.

No en vano transcurrieron tantos años

desde la edad primera cuando niño,

mis pasos endilgaba con cariño,

por la senda del bien, libre de daños.

Pues en la adversidad de la jornada

con mi viejita santa, venerada

iguales compartieron los desvelos.

Y si bien, se sintió cuán doblegado

al fin y al cabo, ya se había ganado,

un cupo allá en la Gloria de los Cielos.

Acf.