Gente que te alegra la vida

Diego Lara León

Eran las 04h00 de la mañana y empezaba un largo día de viaje, a esa hora debía tomar el transfer, es decir, el autobús que me transporte del hotel al aeropuerto.

Normalmente esos trayectos son silenciosos, llenos de personas mal humoradas, con sueño, con frio si el clima no ayuda y, en lo único que se piensa, es en no perder el vuelo.

Hasta ese día lo máximo que recuerdo haber escuchado de los conductores de los autobuses había sido: Buenos días, llegamos y buen viaje.

Pero aquel día, el trayecto hotel – aeropuerto fue diferente. Quien conducía el bus era un cubano de unos 50 años aproximadamente, un típico cubano, como decimos por acá “un cubano de cepa”. Era de esos cubanos que hablaban tan cubano que parecía que en la escuela no le enseñaron español, sino cubano.

Lo primero que hizo aquel día nuestro conductor fue decirnos su nombre, Osmany Rodríguez se llamaba, ¿existe un nombre más cubano que ese? No permitió que tocáramos las maletas y él personalmente cargó y acomodó con mucho cuidado nuestros equipajes.

A cada uno nos preguntó de donde éramos y hacia donde viajábamos. Obviamente todos por respecto le contestábamos entre dientes y con voz de sueño. Ya en el autobús estábamos 5 pasajeros acomodados cada uno en un asiento y Osmany se volteó y dijo: “Asere, qué bolá mi gente”, que es un saludo típico cubano que significa “hey amigos ¿cómo están?”, luego siguió: “hoy ando a la my love”, ósea, hoy estoy muy bien, muy alegre.

En ese momento empecé a notar q algunos se incomodaban con nuestro raro conductor, todos queríamos que partiera para llegar pronto al aeropuerto.

Sin embargo, nuestro cubanísimo amigo, prosiguió: “Yo sé qué están apuraos” (por favor imagínense estas frases con acento cubano), “están tan apuraos que algunos amanecieron con el moño virao” (creo que esta frase no necesita traducción). El conductor Rodríguez, justificó que aún no puso andar el autobús, comentándonos que faltaba una pasajera, “yo sé que están apuraos, pero a mi me dijeron que falta un pasajero más, seguro que se ha quedao dormío, ¿a quién no le ha pasado que se ha quedao dormío?”. En unos segundos una señora con cara de sueño y susto apareció corriendo, se disculpó con todos y agradeció que la hayamos esperado, porque normalmente eso no ocurre, los que se atrasan deben esperar el próximo transfer en 30 minutos o deben tomar un taxi. Nuestro conductor le contestó: “tranquila señora, no coja lucha, alguna vez todos nos hemos dormío, ¿o no muchachos?”.  A más de la demora, nos estaba preguntando para justificar el atraso de la señora, obviamente nadie iba a contestar negativamente, algunos dijeron si con la cabeza y alguna que otra mueca.

Ya que estuvimos todos los pasajeros, cerró la puerta y una vez más se dirigió a nosotros: “yo no se si ustedes creen en Dios, o no creen en Dios, o creen en un Dios a su manera, pero óiganme, hoy va a ser un día bendecido pa’ todos”. En ese momento todos dejamos la cara de “moño virao”, dejamos de estar en los teléfonos y por primera vez en esos apenas 5 minutos, nos sacó una sonrisa y captó nuestra atención.

Osmany prosiguió, mientras arrancaba el bus, “a donde quieran que vayan, vayan con la bendición de Dios”. “Voy a manejar lo más rápido para llegar con bien, ahora si chocamos (esto lo decía en son de broma), no cojan lucha, que todos nos vamos pal cielo”.

“Ahora me callo porque les voy a poner un mambo sabrosón de mi tierra cubana (como si no supiéramos de donde es), con esta música se despiertan y así no se suben al vuelo equivocao”.

Fueron varios kilómetros que recorrimos en los cuales todos procurábamos que los movimientos que el bus provocaba en nuestro cuerpo, se sincronicen con la alegre música cubana.

A esas alturas del viaje los seis que íbamos en el bus, éramos una comunidad de la alegría, si no hubiésemos tenido la urgencia de llegar, creo que todos pediríamos una vuelta más.

No se los demás, pero yo tuve un vuelo tranquilo y alegre, mi día estuvo bien, porque alguien hizo que empiece bien.

Cuando vuelva a aquella ciudad, llegaré al mismo hotel y buscaré a Osmany para contarle que desde aquel día, “ando más a la my love” y procuro no amanecer “con el moño virao”.

@dflara