El baúl de los recuerdos: Marcelo Rodríguez Palacios, pionero de la arquitectura moderna lojana

Efraín Borrero E.

Marcelo Alfredo Rodríguez Palacios, nacido el cinco de abril de 1926, fue el primer arquitecto lojano y considerado pionero de la arquitectura moderna de nuestra urbe. Descendiente de dos eminentes médicos: su padre, Zoilo Alfredo Rodríguez Alvarado, uno de los primeros cirujanos de Loja, y su abuelo, Zoilo Rodríguez Rojas, quien ejerció la medicina con extremo humanismo y fue profesor del Colegio Bernardo Valdivieso por muchos años; así como director del Hospital San Juan de Dios y presidente de la Cruz Roja.

Esa pasión por la medicina fue transmitida a Álvaro Rodríguez Guerrero, segundo hijo de Marcelo Rodríguez, destacado cirujano pediatra y reconocido por sus servicios profesionales al cuidado de los niños.

Cuando Marcelo Rodríguez decidió cursar la carrera de arquitectura en la recién fundada Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central, en 1946, luego de culminar sus estudios en el Colegio Bernardo Valdivieso, en Loja había pocos ingenieros civiles que fueron quienes asumieron la tarea de diseño y construcción de algunas edificaciones.

En ciertos casos se acudió a ingenieros de otras especializaciones, como ocurrió para la construcción del Teatro Universitario Bolívar en 1920, cuyo plano arquitectónico fue traído posiblemente desde el exterior y sometido a muchas discusiones para resolver asuntos técnicos y estructurales. La tarea de modificación del plano fue encomendada al ingeniero en minas Bernardo Mora.

Para la construcción del actual edificio de la Prefectura Provincial, frente al parque central, hubo necesidad de contratar los servicios del arquitecto y escultor chileno Hugo Faggioni de ascendencia italiana, quien había ganado prestigio nacional con algunas obras, como el Banco La Previsora en Guayaquil.

Marcelo Rodríguez formó parte de los primeros ochenta alumnos que ingresaron a estudiar arquitectura en la Universidad Central. Durante los cinco años de la carrera se destacó como uno de los más brillantes alumnos, hasta que el veinte y dos de julio de 1952 obtuvo tu título profesional siendo el quinto de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo en el Ecuador y el primero de la ciudad de Loja.

Sus profesores nacionales y extranjeros fueron del más alto nivel académico; por ejemplo, el reconocido arquitecto uruguayo Gilberto Gatto Sobral, que además del prestigio que confirió a la Escuela de Arquitectura y Urbanismo diseñó varios edificios importantes en Quito. Realizó algunas obras en diferentes ciudades del Ecuador, entre ellas la elaboración del Plan Regulador de Loja presentado oficialmente el seis de octubre de 1960, durante la Alcaldía de Alfredo Mora Reyes.

Otros prestigiosos arquitectos integraron la planta docente, a saber: Alfredo Altamirano, Sixto Duran Ballén, Jaime Dávalos, Giovanni Rotta, Jaime Andrade, Antonio Jaén Morente; así como los Ingenieros Wilson Garcés, Jorge Casares, Leopoldo Moreno Loor, Jorge Viera y Sergio Guarderas.

Con ese bagaje de conocimientos Marcelo Rodríguez retornó a su tierra natal para entregarse por entero al servicio de la colectividad lojana y realizarse plenamente como profesional de la arquitectura.

El ejercicio de su profesión se inició con pie firme y fue muy exitoso, tanto por su capacidad como por la honestidad de procedimientos. En esas circunstancias conoció a la bella y virtuosa dama cariamanguense Fanny Angelita Guerrero Berrú, quien vivía en Cariamanga junto con su adorada madre Alicia Peregrina Berrú Cueva, viuda de Vicente Guerrero Roa, una mujer altruista y de grandes convicciones.

El veinte y cuatro de julio de 1956, Marcelo Rodríguez Palacios y Fanny Guerrero Berrú contrajeron matrimonio sellando sus vidas con un amor apasionado que siempre se mantuvo incólume. Procrearon cuatro hijos: Fabián Marcelo, Álvaro Alfredo, Lucía Beatriz y María Eugenia Rodríguez Guerrero, todos ellos profesionales en distintas ramas.

Marcelo Rodríguez Palacios marcó un hito histórico en el desarrollo urbanístico de la ciudad de Loja, a tal punto que sus obras han sido objeto de estudios analíticos por parte de estudiantes y profesores de la carrera de arquitectura de la Universidad Técnica Particular de Loja. Uno importante es el Trabajo de Titulación de Soledad del Cisne Jaya Orellana denominado “La Ligereza en la arquitectura de Marcelo Rodríguez Palacios, Pionero de la Arquitectura Moderna en Loja”.

En esos trabajos se destaca la influencia académica uruguaya adoptada por los arquitectos ecuatorianos, entre los que se cuenta Marcelo Rodríguez, lo que incidió en la expansión de la modernidad. En cuanto a nuestra urbe, se hace referencia a la residencia de Alejo Valdivieso Carrión, diseñada y construida en 1960 por Marcelo Rodríguez, siento ésta la primera construcción residencial de la época moderna en la ciudad de Loja.

Otras obras que se destacan y que corresponden a esa primera etapa son: Escuela Adolfo Jurado González, Clínica “San Agustín”, Capilla de la Medalla Milagrosa, Palacio Episcopal, Capilla de las Madres Concepcionistas, Capítulo Catedralicio de Loja, Casa Parroquial El Sagrario, Casa de la Cultura Ecuatoriana y edificio del ex Banco Central del Ecuador, entre otras.  

Posteriormente diseñó y construyó algunos establecimientos educativos. Su trabajo no solo se desarrolló en Loja, sino que se extendió a la vecina provincia de Zamora Chinchipe.

Tiempo después vino la primera oleada de arquitectos lojanos que habían cursado sus estudios en universidades de Quito, Guayaquil y Cuenca, contándose entre ellos a Luis Javier Correa, José Beltrán, Manuel Fárez, Juan Flores y Manuel Vera, con quienes conformó el dieciséis de marzo de 1972 la Sociedad Lojana de Arquitectos, siendo su presidente.  

Esa Sociedad cimentó las bases para la creación del Colegio de Arquitectos de Loja ya que se incorporaron nuevos profesionales, como: Máximo Reyes, Francisco Samaniego, Jorge Navas, Omar Erazo, Arturo Delgado y Jorge Auquilla, hecho ocurrido el diecisiete de octubre de 1975, una vez que el Directorio Ejecutivo Nacional confirió su aprobación.

El primer Directorio Provincial estuvo presidido por el Luis Javier Correa Correa quién fue reelecto para un período adicional. Años más tarde volvió a ostentar esa dignidad ubicando en lo alto el nombre y prestigio de esa entidad gremial.

Por esa época, Francisco Eguiguren Burneo, quien se había graduado de arquitecto en Argentina, también ofreció sus servicios profesionales por un corto período en la ciudad de Loja.      

A medida que el tiempo transcurría se integraron al campo laboral en Loja otros arquitectos graduados en diferentes ciudades del país. Sin embargo, la verdadera expansión de los profesionales en la rama de la arquitectura se produce cuando la Universidad Técnica Particular de Loja creó esa carrera, en la que Eva Salgado Carpio se distinguió por ser la primera arquitecta graduada, cuyos méritos fueron reconocidos en un homenaje post mortem realizado hace pocos días.

Posteriormente la Universidad Internacional del Ecuador, sede Loja, implementó la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte, aportando eficientemente a la educación y formación de nuevos arquitectos.  

Luis Javier Correa me comentó que desde su adolescencia tuvo una amistad cercana con Marcelo Rodríguez Palacios, a quien conoció por 1955 cuando laboraba en Catamayo. Reconoce que fue quien lo motivó para que cursara los estudios en arquitectura, y lo destaca como uno de los grandes profesionales en la arquitectura que tuvo Loja, haciendo notorio que su incidencia para la modernización urbana fue determinante.

Cuando Marcelo Alfredo Rodríguez Palacios falleció el nueve de julio del 2018 el sentimiento de pesar fue general entre los lojanos, porque además de haberse desempeñado como fiscalizador por más de veinte años en el Seguro Social, contribuyendo apasionadamente a la construcción de viviendas para los afiliados, y cumplir edificantemente las funciones como concejal del Cantón y miembro de la Junta de Recuperación Económica de Loja y Zamora Chinchipe, fue un caballero en toda la extensión de la palabra; un hombre de bien, gentil y honesto, además de esposo y padre ejemplar.

Por esos atributos y muchos más la colectividad lojana le brindó afecto y consideración en sumo grado, y lo recuerda con profundo sentimiento de respeto y admiración.