Gustavo Tatis Guerra:  Gabriel García Márquez, La rosa amarilla del prestidigitador

María Antonieta Valdivieso C.

Gabriel García Márquez es uno de los escritores más reconocidos de Latinoamérica y del mundo. Su obra ha trascendido fronteras, convirtiéndose en un ícono de la literatura universal. García Márquez, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1982, es conocido por su maestría en el realismo mágico, género que domina su obra más célebre, «Cien años de soledad».

Gustavo Tatis Guerra, escritor, ensayista, periodista y poeta colombiano, ha dedicado parte de su carrera a explorar la vida y obra de García Márquez. Nacido en Córdoba en 1961, Tatis Guerra ha recibido varios premios por su contribución a la literatura, incluyendo el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. En su libro «La rosa amarilla del prestidigitador», Tatis Guerra recopila entrevistas y ensayos sobre su amigo y compatriota, ofreciendo una mirada íntima y detallada de la vida de un escritor que se mostraba renuente a conceder entrevistas y responder cuestionarios, ya que consideraba que para conocer su pensamiento era suficiente que leyeran sus obras.

En una de sus entrevistas más recordadas, Tatis Guerra pregunta a García Márquez sobre el futuro de la novela: «La novela no tiene otra misión que contar la vida, y con la vida no hay nadie que se resista. Desde las cuevas de Altamira hasta la llegada al planeta Marte, el hombre no cesará de contar cosas que le suceden a la gente. Siempre habrá alguien contando.»

García Márquez se pasó la vida contando historias que le había narrado su abuelo materno, el coronel Nicolás Márquez Mejía, quien luchó en la Guerra de los Mil Días a principios del siglo XX. La figura del coronel inspiró al personaje central de su novela «El coronel no tiene quien le escriba». Su primera novela, «La hojarasca», fue publicada en 1955, y en 1961 salió a la luz «El coronel no tiene quien le escriba», seguida por «La mala hora» en 1962.

La publicación de «Cien años de soledad» en 1967 marcó un hito en la literatura mundial. Gabriel García Márquez escribió esta obra en un periodo de dieciocho meses, entre 1965 y 1966, y fue publicada por la editorial Sudamericana en Buenos Aires, Argentina. Antes de su éxito, la novela fue rechazada por el famoso editor español Carlos Barral, quien sostenía que «no era la mejor novela que se había escrito en épocas contemporáneas» y que consideraba a García Márquez como un excelente «narrador oral del norte de África». Sin embargo, la perseverancia de García Márquez lo llevó a enviar el manuscrito a Buenos Aires. La anécdota sobre cómo el manuscrito fue enviado desde México es legendaria: García Márquez y su esposa, Mercedes Barcha, tuvieron que empeñar varios objetos personales para costear el envío. El éxito fue inmediato y rotundo, catapultando a García Márquez a la fama internacional.

Magia, magia y más magia es lo que existe en «Cien años de soledad». Remedios, la bella, ascendiendo al cielo, es magia pura. El autor dice que creó esta imagen cuando escuchó en su pueblo, Aracataca, que una chica hermosa del lugar se fue volando con su novio; esta realidad la convirtió en algo irreal, en algo fantástico, cuando un día vio en Aracataca a una chica colgando las sábanas al sol, hubo un pequeño viento y él se le ocurrió que esa forma subiría al cielo. Todo en «Cien años de soledad» es magia. La levitación de un cura celebrando la misa se le ocurrió cuando su madre le contó que el sacerdote del pueblo parecía que se elevaba al cielo y así muchos hechos reales, cotidianos, los convierte en algo mágico. De ahí el realismo mágico. García Márquez sostiene que el realismo mágico es hacer mágico lo real y a su vez volver fantástico los hechos cotidianos, los hechos comunes.

Tatis Guerra también narra la estrecha amistad de García Márquez con Fidel Castro, a quien consideraba un excelente lector y crítico. Esta relación causó controversia entre algunos intelectuales, pero García Márquez se mantuvo firme en su apoyo a la Revolución Cubana hasta el final de sus días.

Posteriormente, en 1972, con Barral editores, García Márquez publicó un volumen de siete cuentos, «La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada».

La figura del general Uribe Uribe le sirvió para representar en «Cien años de soledad» la figura del coronel Aureliano Buendía. Aracataca, la tierra cálida y llena de mitos, supersticiones y leyendas del Caribe colombiano, donde nació y vivió los primeros años de su vida García Márquez, enriqueció su imaginación e innata fantasía.

Gabriel Eligio García Martínez, el telegrafista de Aracataca y padre del escritor, también fue escritor. Recordaba que escribió una novela romántica, que presumiblemente se llamaría «Candelaria Bermejo», pero que nunca la llegó a publicar. Componía versos que le dedicaba con amor a Luisa Santiaga Márquez Iguarán, hija de Nicolás Márquez Mejía, coronel derrotado, vencido por los conservadores en la Guerra de los Mil Días.

En cuanto a la muerte, García Márquez decía que lo más doloroso era no volver a ver a sus amigos y que la muerte era para siempre. Cuando recibió el Premio Nobel, viajó a Estocolmo acompañado de una caravana de familiares y amigos, todos luciendo una rosa amarilla en la solapa, y vestido con un traje blanco típico del Caribe colombiano.

El estilo de vida y el pensamiento de García Márquez, plasmados con maestría en sus obras, continúan inspirando a generaciones de lectores. Como bien decía, «la soledad de la fama es similar a la soledad del poder». En sus últimos días, estuvo rodeado del amor de su familia, y su esposa Mercedes Barcha pidió que no hubiera lágrimas en su despedida.

Me inclino reverente ante el genio literario y extraordinario ser humano que fue Gabriel García Márquez.

Loja, 22 de junio del 2024.