¿“Nueva política” o “vieja política”?

Numa P. Maldonado A.

El llamado “canibalismo político” es un estilo innoble de hacer política, estrechamente ligado a la “vieja política”, o “política de siempre”, que ha prevalecido intacto en todas las formas de gobierno (monárquicas, totalitarias, populistas, democráticas…), también desde siempre: desde antes del Código de Hammurabi y del siglo de Pericles, de los imperios de los sátrapas, sultanes, faraones, césares, reyes, dictadores, mandatarios electos por voto popular… Es que la lucha por el poder ha sido y es tan ciega y despiadada, que no se detiene ante nada ni ante nadie. Un morboso deseo irracional, obsesivo, amoral e inmoral, que raya en la locura. Este “canibalismo” desnaturalizado, o a lo mejor, “muy naturalizado”, porque es sostenido, como dirían muchos, por la “fuerza de las circunstancias”, generalmente ligadas a la ambición personal desmedida, al fanatismo, o a una maldad difícil de definir y metida en los recovecos más siniestros del cerebro de muchas personas. Forma de actuar, obsesión, ambición o vanidad…, que ha formado parte de la conducta humana colectiva y del “desarrollo” de las civilizaciones, la geopolítica y los defectos de una democracia imperfecta. Una aberración, un comportamiento grupal o partidista muy particular y, como tal, muy difícil de cambiar, así se tengan las mejores intenciones…

Desde luego, “el canibalismo político” es una de las tantas deficiencias de la “vieja política”, contra la cual todos estamos en contra y todos a favor de ella (otros defectos de la “vieja política serían: pseudodemocracia al interior de los partidos (predominan el caudillismo corrupto, los dueños de partido, los partidos de alquiler…), carencia de un verdadero ideario político y de escuelas serias de formación, predominancia y la obediencia ciega a la lealtad, demagogia como estilo natural de gobierno, fomento del fanatismo político (parte importante de la “estupidez humana”) y del odio (ausencia de liderazgo ético y moral, individual y colectivo…).

Desde luego, apuntar a la creación de una “nueva política”, aunque sea tratando de eliminar paulatinamente varios de los defectos más notorios y dañinos de la “vieja política”, como la pseudemocracia, la demagogia y la falta de liderazgo ético…, podría ser una forma de aportar seriamente al cambio hacia el bien común, o nuevo humanismo. Pero solo enunciarlo y seguir siendo otro protagonista del “canibalismo político” con varios de los “adornos” la “vieja política”, a la dicen combatir; significa caer en la misma demagogia partidista de siempre y convertirse en un cínico.

El verdadero giro hacia una “buena política” significa, en primer lugar, expulsar la corrupción del partido y formar nuevos cuadros, con gente joven, bien preparada y defensora del pensamiento crítico, valiente, generosa y que entienda bien los grandes principios de la doctrina del bien común. Siempre que puedo hablar con políticos jóvenes que podrían convertiste en buenos líderes políticos, los animo a no dejar de pensar en esta posibilidad que significa orientarse al nuevo humanismo. La doctrina que en estos cruciales momentos tanto necesita nuestro país, nuestra región y el mundo.

Jueves, 4 de julio de 2024