Quilanga, 05 de julio 2024
Vivimos momentos de un cambio climático acelerado por la deforestación y no reforestación, explotación excesiva y desordenada de los recursos naturales que contamina los ríos, el uso de combustibles fósiles no disminuye al no buscar alternativas de energías limpias, a ello se suma la falta de una cultura ambiental de los ciudadanos que, por doquier, arrojan todo tipo de contaminantes, como, por ejemplo, los envases plásticos que tardan cientos de años para destruirse.
Esta es una parte de la realidad, más, sin embargo, debemos dar un paso hacia adelante en procura de todos los actores de la sociedad actual y de la nueva sociedad que urge emerja con iniciativas, propósitos y acciones que empiecen a sembrar vida.
Las estrategias formuladas y ejecutadas por el cuidado y conservación del ambiente se encaminado por la ruta de la gradualidad e involucramiento ciudadano en la valoración de la sostenibilidad ambiental y defensa de los ecosistemas, también, se han hecho presentes los actores públicos y privados al definir e implementar políticas que incentivan el desarrollo sostenible. Multiplicidad de proyectos grandes y pequeños, globales y locales, internacionales y nacionales, ciudadanos, privados y públicos, a fin de activar la resiliencia y procesos claves de resistencia, adaptación y reproducción para a enfrentar las tensiones que deterioran la vida.
Las políticas, la acción pública, privada y ciudadana nos muestra resultados paradójicos. Si bien se han logrado importantes conquistas en la defensa de la naturaleza, en cuidados ambientales y en la protección de los animales, en procura de un mundo amigable; más, sin embargo, al momento del balance han resultado insuficientes y tenemos que reconocer que todavía pesan más las prácticas que contaminan, depredan y arrasan la vida en el planeta.
Factores estructurales de desarrollo asimétrico como la implementación de un modelo económico dominante expresado en el capitalismo salvaje, cuya ansia de acumulación se hace a costa de la depredación de la Madre Tierra, sin el mínimo respeto de sus derechos. Se concesiona y legalizan las prácticas extractivistas sin ninguna responsabilidad social ni ambiental. Las buenas prácticas tardan en generalizarse, por ejemplo, el manejo de la basura, por lo que habitamos ciudades desordenadas, sucias, contaminadas y contaminantes.
Tenemos los ODS, los países están llenos de tratados, normas y promesas, los pueblos pequeños elaboran ordenanzas, al final del camino, queda la tarea de cumplirlos. Se debe profundizar con rigor y celeridad lo que se viene haciendo, pero urgen políticas y prácticas histórico-sociales de sentidos, exteriorizando aspiraciones, sueños y compromisos para definir lo público, lo común, lo colectivo y lo universal en saberes, derechos, prácticas y simbologías que garantizan la vida.
Esta es la hora de volver a centrarnos en la necesidad urgente de todos hacer una causa común y precisar medidas urgentes y estrategias radicales, que marchen de la mano el Estado, la empresa privada y la ciudadanía con un solo propósito refundarse y empezar a sembrar vida. Hay que bajarse del tren de la minería depredadora, dejar atrás el extractivismo como base del desarrollo, definir políticas del manejo de la basura y romper con todo aquello que aniquila la vida.
Es la hora de generalizar y ejecutar proyectos transformadores, normas inapelables, sanciones ejemplares acompañadas de estrategias radicales que garanticen derechos y prácticas sembradoras de vida.
