Diego Lara León
Hoy en día, en todos los foros empresariales, científicos, educativos y sociales, se habla de la disrupción. Esta palabra aun medio desconocida, significa que se debe romper con ciertos paradigmas para mejorar lo existente y construir un mejor futuro.
En el programa de estudios de postgrado en una importante universidad americana, debíamos tomar obligatoriamente una materia completamente diferente a nuestra formación, una materia disruptiva. Por lo tanto, algunos maestrantes tomamos la materia de cerámica.
En la primera clase nuestro profesor, que ni de lejos era un empresario (nuestra maestría era en Administración de Empresas), nos dividió en dos grupos. El grupo número uno, debía durante el semestre dedicarse a “construir el jarrón perfecto, solo uno por estudiante”. El jarrón modelo estaba en exhibición en el centro del taller. En cambio, la instrucción para el segundo grupo fue: “hagan tantos jarrones como puedan”. A mí me correspondió el grupo 2. En otras palabras, a unos los evaluarían por la perfección del jarrón y a los otros por el número de jarrones realizados.
Durante todo el semestre mis compañeros del grupo uno, se dedicaron a admirar el jarrón que estaba en el centro del aula, olvidé decir, que nadie podía tocarlo. Por lo tanto, hacían cálculos de cuáles serían sus dimensiones, imaginaban su textura y trataban de obtener el color idéntico, todo a distancia, sin tocarlo.
En cambio, mi grupo se dedicó a realizar tantos jarrones como podíamos. Recuerdo que los primeros jarrones eran cualquier cosa menos jarrones.
¿Al finalizar el semestre cual creen ustedes que hizo el mejor jarrón? ¿El grupo uno o el grupo dos?
Si pensaron que fue el primer grupo se equivocaron. Ganamos quienes hicimos muchos jarrones. Pero, ¿Qué pasó? Sucedió que, al hacer tantos jarrones, nos olvidamos de buscar la perfección solo admirándola, sin darnos cuenta nos llevaron a poner mucho esfuerzo y constancia, para que con la práctica superemos nuestras limitaciones y nos acerquemos a la perfección.
En la última clase del ciclo académico, aquel maestro ceramista, nos dijo: “Están queridos alumnos, listos para seguir su formación empresarial. Si quieren llevar al éxito a sus empresas, recuerden que la perfección no la consiguen viéndola desde la vereda del frente. Si buscan la perfección piensen en la acción masiva imperfecta, la imperfección es el insumo que provoca el crecimiento y la innovación”.
En el mundo personal, familiar, académico, empresarial y social, buscamos la excelencia y la mejor productividad. La perfección es muy difícil de lograr, sin embargo, caminar hacia ella es el reto, pero para encontrar ese camino, primero hay que trabajar la imperfección con esfuerzo, constancia y mucha, mucha práctica.
Finalmente, el conocimiento y la práctica, no se obtienen ni mágicamente, ni en el corto plazo. ¿Esperan resultados diferentes? Pues entonces no apresuren los ciclos ni los resultados. Todo lo mejor toma su tiempo, pero claro hay que ser constantes.
@dflara
