Quilanga, 02 de agosto 2024
Estudiantes, docentes, padres de familia, están en disfrute de sus vacaciones de estudio y preparación académica, desde finales del mes de junio. Al inicio el jolgorio de despertar más tarde, de dejar olvidados un momento los textos, los cuadernos, las consultas y lecturas por internet, los trabajos y tareas individuales, el cumplimiento de un horario rígido de clases, la observación del uniforme y la normativa institucional.
Conforme pasan las horas, los días, viene nuevamente la rutina, del esparcimiento relajado, saludable, del encuentro con la familia, con los vecinos, de las jornadas extensas de deporte y en algunos casos de ayuda en los trabajos de casa y de la familia, nace nuevamente la rutina y empieza a invadir un deseo de volver, de estar en el aula, de juntarse con los compañeros.
Entre estas dos realidades del jolgorio inicial y del deseo de volver, vale precisar que, precisamente, las vacaciones, el tiempo de descanso de las actividades estudiantiles y académicas son propicias, por cuanto, el cuerpo, la mente, el corazón necesitan un reposo, un relax y un tiempo prudencial para recuperarse, renovarse e impulsarse por nuevos retos, nuevas oportunidades, por un nuevo año escolar que trae ilusiones, novedades por descubrir y seguir construyendo el nuevo ser humano que la sociedad necesita y espera.
En este tiempo de verano cobijados por el sol y acompañados por el viento se ha visto a la familia, desplazarse a distintos destinos del país, de la provincia por reencontrase y disfrutar del sosiego y alegría que significa descubrir nuevos lugares o encontrarse con su pasado, con los verdaderos orígenes que son la base de nuestra identidad y el fundamento de nuestros sueños.
Transcurrido ya más de cinco semanas de descanso en los estudiantes y tres semanas en los docentes, vale la pena preguntarse ¿cómo hemos aprovechado este tiempo de descanso? Seguro para algunos, pueden ser muchos o pocos, la idea es no perder tiempo y tratar de mejorar en lo que se tuvo dificultad, si nos referimos al estudio. Pero para otros, las vacaciones hay que aprovecharlas, relajarnos, disfrutar y descansar lo más que se pueda. Las dos perspectivas son loables si los individuos nos conducimos con responsabilidad y libertad
No quiero decir que la jornada de vacaciones los estudiantes se las pasen en clases de nivelación recomendadas o cursos vacacionales, o que los docentes se llenen de actividades de planificación y actualización, o que los padres de familia descuiden los hijos.
Pienso que lo más acertado es no irse a los extremos; si bien muchos estudiantes necesitan repasar y reforzar ciertos conocimientos, tampoco sería justo que las vacaciones se conviertan en una prolongación de las clases regulares. Los docentes tampoco deben llenarse con jornadas de actualización a presión o los padres de familia permanecer en la cabecera acompañando en tareas de refuerzo deben tener una necesaria pausa. Lo que debemos tener claro es que, el descanso y el relajamiento es un beneficio en bien y para bien de la persona, del profesional, del estudiante y de la familia, pero, es también, tiempo propicio para recargar energía para el nuevo año escolar.
Que las actividades que vienen de aquí en adelante, ya de fin de vacaciones y de reinicio de actividades sean de beneficiosos tanto para los estudiantes como para la tranquilidad de los docente y padres de familia. Por lo pronto, que cada momento de la vida sea un espacio de compartir, de alegría y de paz.
