Falacia del positivismo

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Vengo ahora con esta reflexión acerca de las positividades, tan comunes en el lenguaje general de las sociedades modernas, pero lo hago, saliendo del simple proceso intelectual de analizarlo; anteponiendo la vivencia para repensarlo.  

A mí como a tantas mujeres nos ha sucedido que ante el sufrimiento, somos animadas diciéndonos: “tienes que ser feliz”, “hay que pensar en uno”, “no te quejes, mira el lado positivo”. Así se vive una supuesta motivación.

Mas, ¿quién vio que tal positivismo ha desplazado el derecho a expresar el sufrimiento?  Este sentido positivo no es un accidente, pues, la felicidad es más rentable para el sistema de producción, humanos felices dan muchísimo más rendimiento.

Así el sometido no es consciente de su sometimiento, pues, nos explota un capital emocional muy libre, no se requiere que alguien impulse la dominación desde fuera, solo incitarnos a la realización. ¿Cómo funciona?, lo explico.

En palabras comunes, a las mujeres en el pasado, nos requerían obediencia, mientras que ahora, nos exigen autorrealización, así se ha reemplazado el imperativo de obediencia por felicidad.

Como se ve, estamos prohibidas a exhibir nuestro dolor, pues, en términos prácticos, para ser socialmente aceptables, hay que ser positiva.  Las mujeres sufridoras han quedado en el pasado.  No es raro que seamos incitadas a hablar acerca de deseos y preferencias, expuestas así, en la intimidad. Siendo la comunicación total una hoja de doble filo, pues, es también, vigilancia total.

Un modelo de mujer feliz, animada, que genere evidencias de vida realizada, donde los sufrimientos son para raritos, es una situación de dominio establecida, en cuyo modelo, cada uno puede ocuparse solo de sí mismo, en una introspección que le culpa de su psicología y sus efectos limitantes.

Así, en lugar de criticar la situación social, nos atribuimos el sufrimiento.  De esta manera, se cree que no hay que mejorar las condiciones sociales colectivas, sino las condiciones psicológicas de cada individuo, para que resista y se ajuste, a las establecidas por el poder.

La mujer es dominada desde su propia esperanza, controlada y vigilada, explotada desde su capital psicológico. Por supuesto, quién esté motivado será capaz de resistir el sufrimiento, de encubrirlo, en ese escenario, ya no es importante si hay condiciones sociales, solo importa la resiliencia.

Como se nota, solapar el dolor es ocultar los desajustes socioeconómicos de una realidad que no responde a intereses colectivos.  Este dispositivo de felicidad nos responsabiliza de todo, como si el sistema no contara y, enfila a las personas que se quejan al psiquiatra. No hay opción para el dolor común, solo queda la falacia del positivismo.