El gran relato del mundo

Galo Guerrero-Jiménez

Gracias a la capacidad narratológica que psico-socio-biológicamente le es inherente al ser humano y que, con el decurrir de la historia ha ido fortaleciéndose cognitiva y lingüísticamente, es que ha podido desarrollar su inteligencia o creatividad estética y desde las habilidades que ha podido desplegarlas según los contextos ecológico-educativo-contextuales por los cuales ha podido llegar a potenciar  varias habilidades artísticas; tal es el caso de la lectoescritura que tanto desde la investigación científica y humanística y desde la ficción literaria y la reflexión filosófica ha podido desarrollarse a través de los sistemas tecnológicos con los cuales ha sido posible difundir el conocimiento para que la sociedad pueda ser cada vez más vivible.

Y, cuando la lectoescritura ha logrado adquirir su calidad de lenguaje estético, es cuando el disfrute, el asombro, la contemplación, la atención, la voluntad, la concentración y la reflexión filosófica han llegado a su máxima exquisitez intelectual y emocional  en aquel escritor y lector que, gracias a su capacidad narratológico-poética, ha podido generar un atractivo mental para que la cognición se sienta gratamente estimulada y pueda, finalmente, arribar a la adquisición de una tonalidad de pensamiento estético-ético y hermenéutico-fenomenológico-espiritual gratamente sentido en su contextura psicosomática.

En efecto, la lectoescritura ha sido quizá una de las revoluciones estéticas y científico-tecnológico-ficcionales más destacadas a lo largo de nuestra civilización, dado que “la historia del arte es también la historia de nuestra subjetividad, necesidad de compartir experiencias, dolores, alegrías o asombros con otros contemporáneos o futuros. Intentos de agregar algunas palabras al gran relato del mundo para alcanzar destellos o sombras de la condición humana. En cuanto a mí, me gustaría llegar al corazón de quien me lee, llevarlo a sentir y a pensar, porque contra el puro entretenimiento y el adormecimiento de la conciencia, la literatura nos propone una de las inmersiones [estéticas y psico-sociológicas] más profundas en nosotros (…) y en la sociedad de la que formamos parte” (Andruetto, 2015) para poder realizarnos desde una efectiva alteridad y consustanciada con la mejor visión de nuestra luminosidad mental.

Por supuesto, esta posición estética de la lectoescritura es enormemente positiva para el convivir humano; sin embargo, el acelerado desarrollo de la información tecnológica, electronal y digitalizada está transformando lenta y, a veces, aceleradamente nuestra conducta humana. “En el régimen de la información, el dominio se oculta fusionándose por completo con la vida cotidiana. Se esconde detrás de lo agradable de [las redes] sociales, la comodidad de los motores de búsqueda, las voces arrulladoras de los asistentes de voz o la solícita servicialidad de los [teléfonos móviles. El celular] (…) transforma todo el hogar en una prisión digital que registra de manera minuciosa nuestra vida cotidiana” (Han, 2022), con lo cual, la mente, es decir nuestra cognición, vive una agitación extrema y de envenamiento en la tonalidad del pensamiento que la ha llevado a la pérdida de esa paz interior tan importante para percibir la tonalidad de nuestras capacidades intelectuales, emocionales y espirituales.

Frente a esta angustiosa realidad, y tal como señala la siquiatra Marian Rojas Estapé, “esta vida se ha vuelto peligrosa en muchos aspectos porque hemos puesto el acelerador a pleno gas y perdido la capacidad de parar, profundizar, de contemplar, observar [la naturaleza] y prestar atención” (2024) a los asuntos más trascendentales de la vida, como la de escribir y leer para “encontrar una lengua privada en la lengua de todos es el verdadero desafío, y el único objetivo es descubrir en los intersticios de una lengua (…) lo verdadero y lo genuino” (Andruetto, 2015), de manera que podamos contribuir con un  adecuado pensamiento crítico.