Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
“La venganza solo es dulce para el alma enferma”.
Cuando perdonas los has castigado, los has desterrado, has olvidado sus nombres, y has borrado la tinta que escribe sus nombres en tu piel; con ello arrancas de tu lengua, de tu mente y de tu pecho el poder que tenían sobre ti, has silenciado al malvado y los has transformado en inexistentes.
Puedes hacer algo hermoso del perdón, del rompimiento de una cadena mental; todo lo que te sucede es para bien; una persona sabia sabe cómo revertir el mal, no pierde ni un solo segundo de su vida dándole poder a la amargura y al odio; deja de lamerte las heridas, huye antes de que tu resentimiento contamine el aire que respiras; el perdón es lo único que tiene la capacidad de destrozar las cadenas de la injusticia y regalarnos la posibilidad de un futuro libre del pasado y lleno de nuevas posibilidades.
El perdón es una emoción, es un acto de voluntad y este no se rige por la temperatura del corazón, sino por la grandeza del espíritu; el rencor es una daga que penetra tu alma y anula toda posibilidad de crecimiento; la mayoría de las personas se rehúsan a perdonar porque creen que la injusticia triunfará si lo hace; esto no es así, la retaliación es lo opuesto a la verdad; el perdón es una pieza de la demandante disciplina del amor, es el verdadero camino a la libertad.
Ponle fin de una vez a la venganza que te impide avanzar, que te hace dar vueltas en círculos, hagamos retroceder la locura con la espada del amor y que el resentimiento y la ira se hinquen ante la compasión.
Cuando se ha discutido este tema en algunos foros, siempre sale a relucir la frase “perdón, pero no olvido”; sin duda, olvidar es uno de los caminos del perdón, aunque también existen situaciones inolvidables; el perdón nos invita a olvidar y a romper con el rencor y la autoflagelación, el perdón no consiste en provocarte una amnesia temporal, por el contrario, es un mecanismo que te permite explorar tus heridas y recordar tu dolor desde una perspectiva de bondad y misericordia; de este modo, te eleva a un nuevo nivel de sabiduría y paz.
El perdón es un privilegio que te da la capacidad de ver tus sufrimientos, no como algo que desees borrar, sino como algo digno de recordar y presumir, te permite hacerlo parte de ti, de tu identidad y aceptar que esa cicatriz cuenta una gran historia sobre ti; busca la bondad dentro de la incomprensible tragedia sí lo haces con fe, la hallarás donde jamás imaginaste, perdonar grandes ofensas jamás saldrá barato, es un acto de valentía, de evolución y de firmeza espiritual.
Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Ced. #: 1100310455
