Campos Ortega Romero
El 23 de diciembre de 1994, durante el Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo, la Asamblea General de las Naciones Unidas, decidió, en su resolución A/RES/49/214, que se celebre cada año, el Día Internacional de las Poblaciones Indígenas, el 9 de agosto, fecha que conmemora la celebración de la primera reunión, que tuvo lugar en Ginebra en 1982, del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas de la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías.
El objetivo de este día es reconocer y celebrar la diversidad cultural y los derechos de los pueblos indígenas, en 90 países del mundo existen más de 476 millones de personas indígenas, Este día, sin duda, nos da una gran oportunidad para seguir reflexionando sobre la importancia de preservar y promover sus tradiciones, lenguas, culturas y derechos. Pero también para sensibilizar sobre los desafíos a los que se enfrentan, y a los que no somos ajenos, porque muchos nos afectan de forma directa o indirecta.
Las nacionalidades y pueblos indígenas de Ecuador son las colectividades que asumen una identidad étnica con base en su cultura sus instituciones y una historia que los define como los pueblos autóctonos del país, descendientes de las sociedades prehispánicas. La República del Ecuador reconoce a los pueblos y nacionalidades indígenas al definirse en su Constitución Política como una nación intercultural y plurinacional. De acuerdo con el último censo nacional, realizado en 2022, 1’301.887 personas se autodefinen como indígenas, ubicados mayoritariamente en las regiones Sierra y Amazonia representando el 7,7% de la población total.
Así, encontramos en nuestro país a los Pueblos y nacionalidades indígenas, como Awá, en Esmeraldas, Carchi e Imbabura; Epera y Cachi en Esmeraldas; Tsachilas en Santo Domingo, Manta; Huancavilca y Puná en Manabí y Guayas.
Karanquis, Natabuelas y Otavalos en Imbabura. Kayambis, en Pichincha, Imbabura y Napo. Kitucaras, Pichincha. Panazaleos en Cotopaxi. Chibuleos, Kisapinchas, Tungurahuas, Salasakas, en Tungurahua. Wuaracas, en Bolívar. Puruhaes en Chimborazo. Kañaris en Azuay y Cañar, Saraguros en Loja. Ai Cofánes, Secoyas, Sionas, Huaoranis, Shiwiars, Záparas, Achuars, Shuar, Kichwa Amazones, ubicados en la amazonia.
Existen pocos trabajos significativos que analicen la sociedad indígena ecuatoriana desde una perspectiva indigenista, los primeros autores se ocuparon de las cuestiones indígenas y denunciaron ocasionalmente los abusos contra las poblaciones indígenas, no lo hicieron de manera exhaustiva y sistemática. No fue hasta la década de 1920 que surgieron las raíces de un movimiento indigenista claramente definido en Ecuador. La figura más significativa en la historia del pensamiento indigenista ecuatoriano fue Pío Jaramillo Alvarado, nacido en Loja, en la sierra sur ecuatoriana, en 1894, donde se doctoró en Jurisprudencia y Ciencias Sociales. Gonzalo Rubio Orbe lo ha llamado el “apóstol laico del indigenismo en el Ecuador”. Además de ser considerado el fundador del indigenismo ecuatoriano, en 1922 Jaramillo escribió El indio ecuatoriano que es la obra fundamental del movimiento indigenista ecuatoriano. Corrigió y amplió esta obra en ediciones posteriores hasta llegar a su forma definitiva en la cuarta edición de 1954, el Libro se constituyó en el punto de partida para que se aprueben reformas legislativas importantes, por supuesto con una visión de denuncia, enunciación de tesis e integración de los indios en una sociedad que estaba clamando desde sus bases y partidos de izquierda, por reformas estructurales.
La doctora Ana María Maldonado, Antropóloga, directora del Instituto de Estudios Ecuatorianos (IEE), señala, la irrupción del movimiento indígena en el escenario social y político del Ecuador en las últimas décadas ha cuestionado profundamente el modelo de desarrollo vigente en el país y el tipo de democracia adscrito a este modelo. El movimiento indígena ha interpelado permanentemente a una sociedad excluyente, profundamente racista, que desconoce su historia y se niega a mirar su propia diversidad y reconocer la existencia de sujetos sociales cuya cultura y cosmovisión no caben en el modelo homogeneizador e integrista que esta sociedad ha creado. La historia vivida por el movimiento indígena ecuatoriano da cuenta de un proceso de construcción de un sujeto social que busca constituirse en sujeto político y cuyos planteamientos son un referente ineludible para el análisis de las propuestas de cambio social en el país.
De las luchas agrarias a la construcción del Estado Plurinacional, el antecedente inmediato para el surgimiento del movimiento indígena en el Ecuador como sujeto social es la desestructuración del sistema de haciendas. La lucha por la tierra vino acompañada del fortalecimiento de las organizaciones rurales y la revitalización de procesos identitarios con profundos contenidos étnicos. Es importante resaltar el rol jugado por la Iglesia, los partidos políticos de izquierda, el Estado y las organizaciones no gubernamentales de desarrollo en el proceso organizativo indígena, pese a que cada uno de estos agentes externos partía de concepciones, objetivos y lógicas de intervención muy distintas y que probablemente ninguno de ellos podía avizorar la fuerza que tomaría el movimiento en los años siguiente. Así sea.
