Serafín Cueva Cueva

Quilanga, 08 de agosto de 2024

La muerte es el fin de un espacio de tiempo que ocupamos en la tierra. Unos están muchos años, otros muy poco, lo importante de los años de vida que transcurran en el espacio terrenal asignado son para ser cada día buenas personas, vivir bien y vivir haciendo el bien al prójimo.

Así transcurrieron los 95 años de edad de distinguido ciudadano quilanguense don Serafín Cueva Cueva (1929-2024), destacado en su vida por su trabajo en la agricultura, la ganadería, el comercio, herencia que recibió del hogar de sus padres don Daniel y doña Margarita, quienes procrearon 5 hijos: Luz, Rosa, Zoila, Segundo (+) y Serafín, residentes en Fundochamba, Lago Agrio y Santo Domingo.

Don Serafín, con una juventud realizada, con un proyecto de trabajo y actividad económica en camino empezó la búsqueda de su compañera de vida, es entonces que contrajo matrimonio con la jovencita, de ese entonces la señorita Imelda Rojas Cueva (+). Juntos procrearon siete hijos: Edith, Pepe, Fredy, René, Reina, Darwin y Lucy Cueva Rojas, en quienes inspiraron el amor por la tierra que los vio nacer, inspiraron en ello su devoción por el estudio y el trabajo, se profesionalizaron como docentes, conductores y también les transmitieron la fe católica y sobre todo les enseñaron a amar y defender su terruño, así, doña Imelda fue actora política como concejal y su hijo Fredy se desempeñó como alcalde del GAD-Quilanga

Los hijos de don Serafín y doña Imelda les regalaron un florilegio de nueras, yernos y un gran número de nietos y bisnietos, algunos de ellos se criaron junto a sus abuelos, cuando sus hijos tuvieron que migrar al continente europeo y los acogieron y brindaron ternura, amor y los acompañaron en sus estudios hasta el retorno de sus progenitores.

El amor acompañó al matrimonio Cueva-Rojas por más de 50 años, hasta que el mayor mal de la humanidad y del siglo, la pandemia de la COVID-19, le arrebató, primero a su hijo Pepe Kaiser y en pocos días a su esposa. Cansado de sus años y con ideas entre claro y oscuras debió sufrir en silencio perder a sus seres queridos. Desde entonces, sus hijos y nietos asumieron el cuidado de su padre, q quien lo califican como su líder, su modelo de trabajo y fidelidad.

Don Serafín, un hombre de caminar lento pero con pasos firmes, con mirada fija y vigilante, de pocas palabras en sus conversaciones, no faltó en su vida con un saludo reverente a quien encontraba en su camino, no les falló a su familia para quienes labró una fortuna, no solamente económica, sino su mejor herencia fue brindarles el estudio, su testimonio y coherencia de trabajo, de respeto a sus semejantes, de una gran responsabilidad en la administración de sus negocios y de fidelidad matrimonial hasta la muerte.

De mi conocer, puedo dar fe que en mis años he visto a don Serafín caminar por sus terrenos en Guayuco, la Elvira, San Pedro, Las Arenas, lo vi siempre en su tienda acompañando a su esposa en el negocio de las telas, del café, de víveres. Lo vi siempre sentado en el corredor saludando y conversando puesto siempre su sombre de paño en domingo o de trabajo en sus jornadas diarias, nunca lo vi en las fiestas o desórdenes sociales.

PAZ EN LA TUMBA de don Serafín. Se fue tranquilo, como fue su vida, deja profundas huellas en las personas que le conocieron y seguramente, su familia y todo ciudadano extrañará su serena presencia.