Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Ejercer un liderazgo efectivo requiere formación, pero esta no solo debe venir del líder, quién efectivamente debe ser el primero en hacerlo, ni mucho menos circunscribirse a la educación convencional, sino que también es función de quienes desean cambiar el mundo y fomentar una preparación continúa en todas las dimensiones.
Los hábitos, las actitudes, la manera de enfrentar los conflictos, la disposición de ayudar a otros, la autoestima, la resiliencia, la riqueza espiritual y el amor son ejes fundamentales sin los cuales un título no es más que una hoja de papel; es esta combinación de elementos la que nos permite convertirnos en verdaderos líderes.
Nuestros institutos y universidades despachan productos incompletos, jefes que no son líderes, maestros que no son mentores, profesionales que no son emprendedores, estudiantes que no son estudiosos y licenciados que no se dan licencia para soñar.
La educación integral debería ser la roca sobre la cual se cimienta una nación satisfecha, próspera y trascendental; por supuesto que la teoría es fundamental para el desarrollo técnico y económico, pero debe ser integral sí además deseamos un progreso humano mental y espiritual; aún educamos a nuestros jóvenes para un mundo que dejó de existir hace muchos años ya.
Tenemos un sistema educacional que ofrece las herramientas de ayer para construir las entidades del mañana; el conocimiento no es entendimiento, recitar libros letra por letra es sinónimo de buena memoria no de inteligencia, no de astucia ni destreza.
A nuestros estudiantes les enseñan a sobresalir en matemáticas y a reprobar en ansiedad; ninguno de nuestros países dedica cursos completos a desarrollar la inteligencia emocional, el pensamiento crítico, la resiliencia, el abordaje de conflictos, la expresión corporal, ni discernimiento en sus planes integrales.
Si los sistemas educativos no dan el paso, nos corresponde a nosotros avanzar; los líderes deben ser el ejemplo de formación personal e incentivadores de todas las dimensiones de la formación humana; he allí una acción de liderazgo.
Necesitamos un país, un gobierno, una escuela, una compañía que no solo nos diga cuánto valemos, si no que nos lo demuestren con una enseñanza que nos valore, puede decir mil veces cuánto vales, pero si tú no haces nada con ese valor, no habré aportado nada.
De nada sirve dominar la teoría si no tienes la capacidad emocional para sostenerla; si nuestros países invirtieran en el fomento de actitudes y aptitudes esenciales para la vida, nuestro continente sería la vanguardia del planeta; si tuviésemos la convicción de legislar para promover la educación cívica, la autoestima, la sistematización de los procesos de innovación, el enfoque, la visión, la disciplina, la organización y el orden, ¡qué lejos estaríamos de esto en lo que vivimos!
Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Ced. #: 1100310455
