Quilanga, 22 de agosto 2024
Loja, es testimonio fehaciente de la presencia milagrosa de María Santísima, en la advocación de Nuestra Señora del Cisne, cuya devoción funde sus raíces con su prodigiosa aparición en 1594, luego el escultor Diego de Robles talla su diminuta imagen, en 1829 el libertador Simón Bolívar emite un decreto “se conceda privilegio de feria desde el 10 de agosto hasta el 12 de septiembre de cada año”, finalmente, en 1930 en el centenario de la peregrinación fue Coronada como Reina y Señora.
Los días de los meses de agosto y septiembre se llenan de devoción y esperanza, con la presencia de peregrinos que con su paso lento, con sus ojos iluminados de fe y sus pensamientos llenos de esperanza van hasta el santuario de la Churonita y desde allí emprender un viaje de tres días que concluye con la entrada majestuosa de la Reina hasta la catedral, en donde reposa hasta su retorno, el 01 de noviembre.
El ritual religioso es un hito muy importante en la vida espiritual del pueblo lojano. Cada año es una experiencia diferente, los caminantes impulsados por la fe recorren largas distancias, del Cisne a Loja 96 kilómetros y desde Cuenca, cerca de 200 kilómetros. , la llama encendida en sus corazones no se apaga y les da la fuerza para soportar el cansancio y enfrentar las inclemencias del tiempo.
A la peregrinación la envuelve un ambiente festivo que no pierde su carácter espiritual y emocional, los romeriantes emprenden el viaje con una mezcla de emoción y sacrificio, desafían el tiempo, el extenso camino y su promesa es una ofrenda personal a la sagrada imagen de la Virgen María.
En los años que llevo caminando, en el presente pude compartir con buenos amigos y compañeros de trabajo Vinner Loaiza junto a su hija Doménica quienes por primera vez realizaban esta experiencia y Xavier Bermeo, que retorna a caminar a los 17 años. El temor de las primeras horas se disipaba, mientras que la luna grande y luminosa acompañaba a todos los caminantes.
En mis amigos de viaje y en los peregrinos, el agotamiento se disipa en el fervor de la fe y sus rostros cansados se iluminan en una alegría serena, sin prisa pero con paso firme, con dos ligeros descansos y una leve alimentación durante el trayecto nos permitieron llegar a Loja, reencontrarse con la familia y con la firme promesa de volver. Cada paso era una oración, cada descanso una invocación y cada alimento una fortaleza. Los 36 kilómetros recorridos aguardarán por siempre las intenciones, las penas, alegrías y esperanzas que cada uno llevó en su corazón y en su mente.
El cansancio físico experimentado en cada uno es nada frente a la fe y alegría renovada, llevan consigo a su familia y lugar de trabajo la bendición y la fortaleza espiritual, su experiencia y testimonio lo trasladarán a su familia y sus amigos y seguros al volver un nuevo año juntos emprenderán el camino de fe.
La promesa del pueblo cisneño a la Virgen María, en los duros tiempos de la colonia y de la inclemente sequía que azotaba se prolonga hasta nuestros días. Vinner, Doménica, Xavier, junto a los miles de peregrinos son fiel testimonio de que la fe y la espiritualidad no se agotan, sino que se extiende de generación en generación.
