Por: Sandra Beatriz Ludeña
Corre el año 2024, en Ecuador el Gobierno Nacional ha declarado encontrarnos en guerra interna, por el grado de incursión de la delincuencia y su creciente pugna por el dominio en los territorios para sus operaciones. En los últimos meses se ha visto en los noticieros tantas y tantas noticias de muertes.
Al respecto, cuenta la poeta Mónica Ojeda, guayaquileña que tuvo que emigrar hacia España, pues, en su lugar natal era imposible vivir en paz; que al haber crecido en una ciudad costeña del Ecuador donde las lluvias persisten por días y no es inusual que los ríos se desborden, como que los ojos se acondicionan a ver reptiles en lugares inesperados, en un jardín, en un asfalto, saliendo de un manglar. Esto dice de cómo los seres humanos nos vamos acondicionando al peligro y así transitamos hacia normalizar también la crueldad.
Esta guerra que según mi forma de ver estaba lejana aunque aguda, pues se tenía noticias de ella en otras ciudades, ahora, ha brotado muy cerca mostrando su odio. Este último 15 de agosto, aquí en Loja, en el lugar de mi residencia “Conjunto habitacional Vista del Río” en el barrio Geranios, se produjo el envenenamiento de todas las mascotas que convivían libremente en nuestro entorno cercano, alrededor de 16 animales murieron.
Nos ha tocado vivenciar una realidad cruda, nunca experimentada tan de cerca, ver morir ante nuestros ojos a los animales conocidos, ya que se los veía andar por los corredores del conjunto habitacional, por los graderíos. Estar expuestos a esos niveles de sufrimiento, por la crueldad circundante, resulta alarmante. Ver el horror de la muerte, saber que fue planificada con segundas intenciones nos deja con un miedo ahogado.
No resulta raro llorar ante los cuerpos inertes de gatos y gallinas, escuchar decir a la vecina y dueña de algunos de ellos, que a las cuatro de la madrugada del día 16 de agosto, escuchó un ruido en los gallineros, pero que no hizo nada y que al amanecer encontró la puerta de la jaula abierta y las gallinas agonizando.
Es estremecedor pensar que alguien se tomó el trabajo de mandar a preparar los compuestos para envenenar a indefensos. Es escalofriante saber que todo esto fue propiciado por humanos, mientras impotentes mirábamos el proceso de agonía de unos y la satisfacción bestial de otros.
¿Cómo comprender la crueldad? Me quedan preguntas como: ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué planifican? ¿Por qué siembran el terror? ¿Hacia qué objetivos apuntan? ¿Cómo puede haber seudos biólogos preparando alimento envenenado para el prójimo? ¿De quiénes nos rodeamos? ¿Por qué amenazan la convivencia en nuestro barrio? ¿Qué tipo de guerra interna nos ha alcanzado? Esto debe ser investigado y así prevenir otros atentados en nuestra ciudad. (O)
