La atención como capacidad dialógica para entrar en contacto con el lenguaje y la escritura

Galo Guerrero-Jiménez

Entrar en diálogo con la cultura de nuestro tiempo para valorar el pasado y proyectarse para el futuro en una sociedad globalizada y virtualizada como la que hoy vivimos se vuelve urgente, imprescindible, necesario, para que la belleza y la frescura del pensamiento metalingüístico y estético-cognitivo pueda viabilizarse desde la comunicabilidad  que cada ciudadano desde la familia y desde la educación pueda verterlo desde la mejor expresión de su alteridad para con el otro, para con ese prójimo que desea culturalmente prepararse en la rama de su disciplina científica y/o humanística, o en el ámbito artístico-literario-ficcional del cual vive pendiente.

Así, si cada ser humano es capaz de reflexionar desde la voz de su conciencia, es decir, desde ese ámbito interior que espiritualmente todos respiramos para expresar en diversos actos micropolíticos lo que el cerebro piensa desde la red neuronal que le es inherente, aparece un espacio para divagar, e incluso para soñar despierto; pues, esa divagación mental cuando es direccionada desde un correcto accionar estético-ético situacional nos lleva a indagar la vida en lo más selecto de nuestro accionar humano; pues, aquí aparece una especie de energía, de sinergia, de voluntad y, ante todo, una atención genuina que el cerebro la piensa y la repiensa de una manera muy relajada o con una enorme preocupación, pero siempre en atención a algo que le es consustancial a la persona que ese día emprenderá en diversas acciones micropolíticas.

Desde luego, “la atención es la base de los procesos cognitivos y se encarga de seleccionar, identificar, procesar y priorizar lo que es relevante para la actividad que se inicia” (Rojas Estapé, 2024) en ese diálogo con la cultura y desde la formación que cada uno porta para expresar su propia naturaleza humana, siempre ante un alguien que está listo para interactuar desde su experiencia más vital y empezando, como señala Ernst Cassirer (2021), “por el lenguaje y la escritura, condiciones primordiales de todo comercio humano y de toda humana comunidad”.

Así, por ejemplo, si nos centramos en la literatura; “ella se inspira en la cotidianidad de la vida, en sus pasiones y en sus propias experiencias, como la acción, el trabajo, el amor, la muerte y todas las pequeñas grandes cosas que llenan la vida” (Papa Francisco, 2024) en ese lector que, concentrado y con la mejor atención de su intelecto disfruta de esa escritura, de ese lenguaje que activa su interés; pues, aquí, o en cualquier otro espacio micropolítico, “la atención está muy relacionada con la capacidad que tenemos de asombrarnos, de que algo nos cautive, nos seduzca, nos fascine. (…). [Incluso, puede llegarse a estados de flujo] de atención elevados [como] la meditación, la conexión con grandes verdades -de la cultura, de la ética, de la razón, de la emoción y de la trascendencia- y de la empatía” (Rojas Estapé, 2024), con las grandes realidades de la vida que, por una u otra razón, nos fascinan, como el de “la fuerza primigenia de la fe de la que el hombre solo puede beneficiarse mediante un acto de gracia directo, mediante la illuminatio divina, [que] se encarga, al mismo tiempo, de marcar al hombre el contenido y el enlace del saber” (Cassirer, 2021) humano y divino.

Este diálogo con la cultura desde la atención más sentida y desde el enlace del saber en las disciplinas que sean del agrado de cada lector son imprescindibles y urgentes en esta era informático-virtualizada, en la que la compañía de un libro y la alteridad con la otredad “nos reivindica la fortaleza, la determinación del ser ante la vastedad, la belleza, el misterio y riesgo de la vida. De pie en la cima, vemos picos más altos: no somos amos de la naturaleza ni tampoco súbditos. La soledad fortalece, la contemplación conecta. Finitos, experimentamos lo infinito. Eternos, abrazamos la naturaleza fugaz de la experiencia humana” (Borja, 2024) que nos enseña a vivir pensando y divagando para actuar con la inteligencia y con el corazón de la cultura.(O)