Lo que le da sentido a la vida

Benjamín Pinza Suárez

Espanta, perturba y horroriza lo que está sucediendo en nuestro país. No es una crisis cualquiera, es una crisis de valores, de principios, de rompimiento del tejido social y de la convivencia civilizada y humana, en donde se está imponiendo la violencia, la criminalidad, las drogas y toda una serie de antivalores que destruye la democracia, fractura la memoria histórica anulando el sentido de nación, de país, de Patria. Y lo peor, es que nuestra economía está dejando de depender de la rica y ancestral agricultura, de la ganadería, del cacao, del café, de la pequeña y mediana industria y de la artesanía, para pasar a depender del cultivo de sustancias de bajo mundo, con lo cual, todo se echa a perder.   

Este drama comenzó desde el momento mismo en que invadieron nuestras mentes con el discurso del odio, del cinismo, de la avaricia sin medida y fraguando historias de mentiras, engaños y violencia; haciendo apología del genocidio y del “sálvese quien pueda”.

Por todo ello, estoy convencido de que nadie debemos dejar de leer una y mil veces la carta que ese genio de la humanidad Albert Einstein le escribiera a su hija para que sea compartida y cuyo texto dice así: “Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo trasmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los prejuicios. Te pido, aun así, que la custodies todo el tiempo necesario hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación:

Hay una fuerza tremendamente poderosa a la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no ha sido identificada por nosotros. Esa fuerza universal es el AMOR. Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo, olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas. El amor es luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El amor es potencia porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y por amor se muere. El amor es Dios, y Dios es amor.

Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E= mac al cuadrado, es decir: energía, igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado, aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión que el amor es la fuerza más potente, más poderosa y que no tiene límites.

Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de otras fuerzas del universo que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía si es que queremos que nuestra especie sobreviva, si queremos encontrarle sentido a la vida; pues, el amor es la única y última respuesta. Quizás no estemos preparados para fabricar una bomba de amor para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia, pero hay que (empezar) a liberar ese poderoso generador de amor que cada uno de nosotros llevamos por dentro”. (O)