La ministra Alegría nos ha dado tristeza

Luis Antonio Quizhpe

     Con enrome sorpresa hemos leído en Primicias la disposición que “Cantar el Himno Nacional será obligatorio en todas las escuelas y colegios de la Sierra de Ecuador”, por parte de la ministra de educación Alegría Crespo. Incluso ha recalcado “que la medida responde a la necesidad de que los planteles educativos formen estudiantes con valores y buenos ciudadanos».

Y decimos con sorpresa porque esta costumbre no es nada nueva. Desde nuestra niñez, bien formaditos, entonábamos el Himno Nacional del Ecuador todos los días lunes, a más de que escuchábamos la conferencia alusiva a la fecha por parte del profesor designado. Y cuando se trataba de fiestas escolares, cantábamos henchidos de patriotismo el himno a Loja. Por eso hasta hoy rezamos como el bendito: Somos hijos de Loja, y debemos/ procurarle continuo adelanto; / que no cese el cantar sacrosanto/ del trabajo, que es vida y honor. / Fomentemos las artes, la industria; / el saber tenga aquí su morada; / y la frente en sudor empapada/ solo sepa inclinarse ante Dios.

     Esta especie de hábito lo he vivido en las diferentes escuelas y colegios de la provincia y ciudad donde he ejercido la docencia, incluso en la universidad y en todas la instituciones públicas y privadas, en los actos protocolarios, educativos y culturales lo primero que hacemos es entonar las sagradas notas del Himno Nacional y como corolario final cantamos el Himno de Loja. Lo propio ocurre en los cantones y parroquias que tienen sus himnos patrios.

Entonces, nos parece que es una disposición tardía, fuera de foco, inoportuna porque ya es costumbre del magisterio nacional cumplir con el minuto cívico en todas las instituciones educativas del país. Acaso la señora ministra no es maestra ecuatoriana, o no ha asistido a un acto público, si estos son rutinarios que tanto estudiantes, maestros como padres de familia lo concebimos como parte de nuestra vida cotidiana.

Por otro lado, la ministra recalcó que los planteles educativos “formen estudiantes con valores y buenos ciudadanos». Señora ministra esto mismo es lo que hacemos los maestros. Diariamente incitamos a los alumnos a vivir los valores familiares (gratitud), personales (autoestima), educativos (disciplina), espirituales (sensibilidad), de buen ánimo (alegría), cívicos (honradez), que están inmersos en nuestras vidas. Además, los valores no se enseñan; se los practica, se los vive en el día a día, con el ejemplo que debemos dar los maestros, los hogares, las autoridades, el Gobierno, los políticos, la sociedad.

Si quiere darnos alegría, señora ministra satisfaga el déficit de más de 2 mil maestros en todo el país y vincule a los mejores mediante concursos de méritos y oposición transparentes, ubíquelos en las categorías que les corresponde, promueva cursos de capacitación docente, cumpla con la sectorización de ellos, otorgue el nombramiento a los profesores ya vinculados, atienda la infraestructura escolar, actualice los textos escolares, de uniformes y desayuno escolar a los niños más pobres. Esto nos daría alegría señora ministra, porque lo que nos ha dicho, ha causado desazón y hasta tristeza. (O)