Luis Carrión
En una reciente inauguración de un plantel educativo, destacaron tres imponentes bloques de aulas que rodeaban el evento. Durante la ceremonia, recordé una reflexión hecha por un vicepresidente de la República al inicio de las clases en la Costa, quien señaló: «De nada sirven aulas modernas y laboratorios de punta si el profesor no está imbuido de su propia responsabilidad.» Esta afirmación evocó una comparación con épocas pasadas, cuando las bancas eran de adobe y los útiles consistían en una simple pizarra y un borrador. A pesar de estas limitaciones, el empeño de aquellos estudiantes contribuyó significativamente al desarrollo nacional.
Es fundamental comprender que inculcar valores sin una verdadera conexión emocional resulta ineficaz. No basta con enseñar valores cívicos y éticos si no se sienten en lo más profundo del ser. La educación cívica no debe ser una mera formalidad, sino una práctica vivencial que se integre en la cotidianeidad de los estudiantes. A pesar de la abundancia de textos que documentan hazañas y teorías, estos conocimientos sólo cobran valor cuando se aplican de manera constante y se internalizan como parte esencial de la identidad personal.
Durante mi visita al plantel, obtuve información del vicerrector sobre la enseñanza de la asignatura de Cívica. Me informó que cada curso contaría con un tutor dedicado y que, semanalmente, se impartiría esta asignatura crucial. Este enfoque está en sintonía con el objetivo general de la Cívica: fortalecer el sentimiento cívico y patriótico. Los objetivos específicos serán determinados por el Ministerio de Educación a través de los contenidos establecidos.
La educación es un proceso dinámico que se desarrolla a lo largo del tiempo y el espacio, en la interacción entre el maestro y el alumno. A medida que los estudiantes avanzan desde la niñez (de 6 a 10 años) hasta la adolescencia (de 12 a 16 años), enfrentan diversos factores físicos, anatómicos, fisiológicos y sociales. Estos factores brindan oportunidades únicas para que los maestros empleen sus habilidades en debates, dramatizaciones y otras metodologías. En este contexto, la asignatura de Cívica debe estar alineada con los acontecimientos locales y nacionales.
En este sentido, evocamos las palabras del presidente Jaime Roldós del 24 de mayo, quien concluyó su discurso con: «Este Ecuador amazónico, desde siempre y hasta siempre, ¡Viva la patria! La sangre derramada por nuestros valientes soldados en Mayaicu, Paquisha y Machinaza germinará en las venas de los ecuatorianos, quienes sobrevivirán con coraje y pundonor.» Asimismo, la frase del presidente Sixto Durán Ballén, «¡Ni un paso atrás!», unió al pueblo ecuatoriano en la defensa de nuestra soberanía.
En los tiempos actuales, resulta esencial reflexionar sobre una estrofa del Himno Nacional que dice:
«Y si nuevas cadenas prepara
La injusticia de bárbara suerte,
Gran Pichincha prevén tú la muerte
De la patria y sus hijos al fin.
Hunde al punto en tus hondas entrañas
Cuanto existe en tu tierra el tirano;
Huele solo cenizas y en vano
Busque rastro de ser junto a ti.»
Finalmente, cito la célebre frase de John F. Kennedy: «Compatriotas norteamericanos, no preguntéis nunca qué puede hacer tu país por ti, preguntad siempre qué puedes hacer tú por tu país.» La gran maestra Gabriela Mistral también afirmaba: «El maestro debe enseñar donde la ocasión se le presente: en el aula, en el patio, en la calle.» Esta reflexión debe ser puesta en práctica para consolidar nuestra identidad nacional y promover una educación que no solo forme individuos competentes, sino también ciudadanos comprometidos con su país.
