Leonardo Chamba H.

Pagua, provincia de El Oro
Continuación VI. Comentarios. A manera de conclusiones sobre la capacitación agrícola, antes de iniciar otra temática, me permito exponer las siguientes observaciones generales:
Como expliqué en artículos anteriores, cuando en 1830, el territorio de lo que hoy es Ecuador se separó de la Gran Colombia y se convirtió en Estado libre y soberano, la actividad agrícola era, y ha continuado siendo, una de las fuertes columnas de sostenimiento de las arcas fiscales de nuestro país. Sin embargo, las políticas de Estado relacionadas con la rama agropecuaria fueron instauradas luego de muchas décadas, siendo asignadas primero al Ministerio de Economía, después al Ministerio de Fomento y posteriormente al de Agricultura y Ganadería.
Posteriormente, con el propósito de formar un capital humano, especializado en la rama agropecuaria, con los adolescentes que habían concluido los estudios primarios, a mediados de la mitad el siglo XX el Gobierno Nacional fundó varias “escuelas de agricultura” en los siguientes lugares: en la Costa, Nicolás Infante en Quevedo (provincia de Los Ríos), Galo Plaza en Daule (Guayas) y Escuela de Pagua (actualmente Instituto Técnico Agropecuario Manuel Encalada Zúñiga), cantón El Guabo (El Oro), y, en la Sierra, en Latacunga y Ambato. Las provincias de Loja y Azuay no fueron beneficiadas, porque en esa época ya existía el Colegio Agronómico Salesiano de Cuenca. En la región de la Sierra, los egresados de las escuelas de Latacunga y Ambato, mediante las actividades de capacitación agrícola, convirtieron a la provincia de Cotopaxi en una zona de alta producción de ganado lechero y productos lácteos, y a Tungurahua en especialista en producción frutícola y de flores.
En referencia al Colegio Agronómico, es pertinente destacar dos asuntos importantes: primero, a mediados del siglo XX los bachilleres que se graduaron en dicho establecimiento fueron acogidos por las instituciones gubernamentales y locales afines al rubro agrícola, los mismos que, mediante cursos, días de campo y ensayos demostrativos, se dedicaron a la capacitación de los agricultores en todos los cantones de Azuay y Cañar, actividad de la cual hoy se están viendo los buenos resultados, puesto que desde el Azuay se proveen las vivanderas de los mercados municipales lojanos de diversos productos agrícolas, como maíz blanco pelado para mote, frutas (manzanas, peras, duraznos), etc. En segundo lugar, varios empleados que en los inicios de la escuela agrícola salesiana ingresaron a la entidad en calidad de trabajadores de campo, luego de aplicar con diligencia las técnicas de la producción hortícola y de otros cultivos, dirigidas por los expertos agrónomos salesianos de origen italiano, cuando se desvincularon se dedicaron a tiempo completo al cultivo de hortalizas, transformándose a los pocos años en hábiles empresarios, lo cual se puede verificar en el barrio San Joaquín, en donde se inició esta tradición, zona en la que en escasas áreas estos pequeños productores obtienen altos rendimientos de hortalizas y verduras, que los exportan a los mercados cantonales de la provincia de El Oro.
Sugerencia: al igual que lo ocurrido hace pocos años en los países vecinos de Colombia y Perú, propongo que mediante las respectivas Ordenanzas, los municipios instituyan un departamento de extensión rural, dirigido por un profesional agrícola de experiencia, que sería el responsable cantonal de planificar y ejecutar proyectos y programas de capacitación agrícola; para ello, se podrían establecer convenios con entidades gubernamentales, como MAG, MIES, Universidades, Consejo Provincial, así como empresas y organizaciones privadas. Esta propuesta tiene varias ventajas: el o los instructores estarían directamente vinculados con las parroquias y barrios; el pertenecer al mismo cantón provocaría una estrecha relación de amistad entre capacitador-alumno, que conduciría más fácilmente al cumplimiento de los objetivos. No es imposible ejecutar lo propuesto, solo se requiere lanzar el primer impulso.(O)
