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Durante los últimos años, en el Ecuador se han agudizado de tal manera que la mayoría de ciudadanos estamos al borde de la desesperanza.
A pesar de ser optimistas, aún existen preocupaciones como el desempleo, la inseguridad, la corrupción, la economía del país y el conflicto armado. Por otro lado, el país necesita liberar su inmenso potencial de crecimiento para generar más y mejores oportunidades laborales para su población y, así, retomar la reducción de la pobreza. En los últimos meses la economía se ha desacelerado sustancialmente debido a un aumento de la inseguridad provocada por el crimen organizado, disrupciones en la producción de petróleo, eventos climáticos, y la incertidumbre política. A ello debemos agregar el aumento de los precios en los combustibles y el incremento del IVA.
En medio de estas dificultades, ¿es posible tener esperanza?
Para profundizar en la interrogante, les presentamos unos comentarios de Pedro Pierre en su artículo “Dar razón de nuestra esperanza.”
“Una de las razones de la crisis actual, -personal, social, espiritual-, es la pérdida del sentido de la existencia: ¿por qué y para qué existo? porque si hemos nacido es para aportar un suplemento de vida, amor y espiritualidad. La flor sirve para ser bella, los árboles para purificar el aire, las plantas para satisfacer el hambre y curar nuestra salud, el aire para respirar, el agua para que haya vida, etc. En definitiva, todo lo que existe es para más y mejor vida. Sólo los humanos podemos preguntárnoslo, conversarlo, desarrollarlo y destruirlo.
Personalmente he llegado a la conclusión que existimos para fomentar la hermandad universal, la armonía con la naturaleza y la comunión con el universo, o sea, con la vida, el amor, la inteligencia, la espiritualidad que lo habitan. Me parece que deberían enseñar eso los centros llamados de ‘educación’: Ayudarnos a ser plenamente humanos y hermanos con todos y con todo. Esa es mi esperanza y mi razón de vivir y batallar para lograrlo cada día un poquito más.
Definamos de qué ‘pobres’ se trata. San Lucas y san Mateo nos comunicaron qué clases de pobres según Jesús de Nazaret alcanzan esta plenitud que es ‘felicidad’: “¡Felices los pobres y los que tienen el espíritu de los pobres, porque de ellos es el Reino de Dios!” Notemos que se habla no de ‘pobres’ individualmente, sino de un colectivo: ‘los pobres’. Solamente juntos y mediante la pobreza -no la miseria-, vamos a lograr la plenitud y la felicidad.
¿Quiénes son y quiénes somos los pobres? Después de muchos años de caminata con los pobres he llegado a esta conclusión: “Somos pobres cuando nos unimos para compartir y no explotar a nadie”. El mismo Jesús de Nazaret nos advirtió de 3 caminos que nos alejan definitivamente de la plenitud y de la felicidad en el episodio de ‘las tentaciones’ cuando decidió hacer un retiro de un mes de ayuno y meditación para decidir del camino de su vida. Resulta que estos 3 caminos equivocados son la riqueza, o sea la acumulación de bienes y dinero, la fama, es decir la notoriedad por encima de los demás, y el poder como dominio y opresión y no como servicio.
Eso es el proyecto que anima mi esperanza, mis ganas de vivir y luchar. Con estas reflexiones busco cumplir con la recomendación del apóstol mi tocayo ‘Simón Pedro’ que nos invita a ‘dar razón de nuestra esperanza’. Que estas líneas les ayuden a fortalecer su esperanza y lograr más plenitud y felicidad.”
