Horizonte austral

Alexander González

Desde Arica hasta Puerto Williams, incluso hasta los confines mas remotos de la gélida Antártida, se extiende el basto territorio chileno, terruño sagrado y bendito al que sus hijos llaman patria con mucho orgullo.

Y es justamente hoy, 18 de septiembre, en que se cumple un aniversario más del inicio de la lucha por una nación independiente del dominio realista ibérico, que todo el pueblo chileno estalla con júbilo en un sinfín de vítores, cánticos que alegran el alma, gastronomía exquisita que reconforta el cuerpo, modelo de progreso digno de imitar, belleza natural que cautiva al corazón.

Quien imaginaría que a partir de la Junta de Gobierno iniciada precisamente un 18 de septiembre de 1810, las ideas libertarias y la autodeterminación hallarían suelo fértil, cual campesino jubiloso en primavera, para que la semilla de la independencia pudiese germinar tan fecunda y airosa, hasta convertirse en una república con valores y principios democráticos.

Bernardo O’Higgins, cual David contra Goliat, nunca se amilanó ante lo que muchos consideraban, fuerzas militares realistas inconmensurables. Él salió con determinación y valentía a llevar la luz del fuego de la libertad a todos sus compatriotas, quienes jamás se imaginaron que algún día saldrían de la oscuridad de un absolutismo monárquico que no hacía nada más que oprimirlos.

No se puede olvidar el 12 de febrero de 1818, aquel día en que, de las voces de los patriotas, henchidas de amor fraternal hacia su verdadera madre patria, proclamaron el nacimiento un nuevo comienzo, de un Chile independiente.

Neruda, uno prodigio cultural, se refirió a su país de esta forma: “Oh Chile, largo pétalo
de mar y vino y nieve, ay cuándo ay cuándo y cuándo ay cuándo me encontraré contigo,
enrollarás tu cinta de espuma blanca y negra en mi cintura, desencadenaré mi poesía sobre tu territorio”.

En cambio, mis palabras para la tierra de Lautaro y Caupolicán son: “Desde el país de la mitad del mundo te abrazo y te saludo con respeto, porque, aunque larga sea la distancia, siempre estará cerca mi admiración por todas las cosas maravillosas que englobas, por el Pacífico que baña tus costas, por las alamedas de Santiago, por las montañas andinas que te cuidan, por que tu nombre es magnífica expresión de abundancia, riqueza, historia y amor”.