Benjamín Pinza Suárez
Lo ocurrido con el bárbaro incendio en Quilanga, Masanamaca, Nambacola y en la capital de la república, nos lleva a elevar nuestro grado de consciencia respecto al valor que representa el cuidado y protección de la naturaleza en toda su biodiversidad. Por un lado, hay gente enferma que provoca incendios sin otro propósito que no sea saciar sus impulsos maléficos y, por otro lado, hay gente irracional que en plenos soles caniculares y fuertes vientos, queman montículos en sus chacras sin medir las funestas consecuencias; lo peor, es que no hay sanciones ejemplarizadoras para esta gente indolente que causa daños irreparables contra sembríos, árboles endémicos, bosques protectores de quebradas, riachuelos, ríos, vertientes y arrasan con la maravillosa fauna, flora, con viviendas y demás enseres de gente pobre y trabajadora.
No hemos logrado desarrollar una consciencia ecológica que permita cuidar el medio ambiente para garantizar un mejor nivel de vida. Aún no entendemos que la destrucción y contaminación del medio ambiente acarrea severos problemas de salud, con irritaciones a los ojos, la garganta, problemas respiratorios hasta enfermedades graves producidas por sustancias tóxicas como el monóxido de carbono, el dióxido de azufre, el óxido de nitrógeno que afectan nuestro organismo.
Por ello es que, el 18 de septiembre del 2007, el Consejo Internacional de Coordinación del Programa “El Hombre y la Biosfera” de la UNESCO, resolvió reconocer a la reserva de biosfera de los cantones andinos y amazónicos de Zamora Chinchipe y Loja como “Reserva de biosfera Podocarpus-El Cóndor”, en mérito a su extraordinaria diversidad biológica y a su importancia cultural para el planeta. El área propuesta considera una superficie de 1´140.080 hectáreas, pertenecientes a 10 cantones y 48 parroquias de las dos provincias. Dentro de este territorio se han incluido los dos principales polos de desarrollo provincial, las ciudades de Loja y Zamora; así como aquellas áreas naturales conocidas como el Parque Nacional Podocarpus, la Cuenca alta del río Nangaritza y la Cordillera del Cóndor; los territorios de los pueblos indios Saraguro y Shuar y los centros de cultura religiosa y turística: El Cisne y Vilcabamba. Se incluye también las áreas donde se desarrollan importantes programas de investigación científica como la Estación Científica San Francisco. Esta zona ha sido reconocida en razón de que contiene una variedad de paisajes, de áreas naturales singulares y una variedad de especies de plantas y animales silvestres y por conservar los sitios donde ellos habitan. A estos centros de estudio debe también incluirse por la importancia que tiene para el estudio científico de la biodiversidad, el Centro Cultural y Científico “El Cristal” del doctor Gustavo Samaniego Rodríguez.
Es necesario que nuestras autoridades tomen nota de este interesante suceso habida cuenta que de su gestión dependerá el logro de apoyo internacional para proyectos de desarrollo social, conservación del medio ambiente y promoción de una conciencia ciudadana sobre naturaleza y educación intercultural. Cabe destacar, además, que este reconocimiento se debe a un trabajo sistemático y perseverante de varias instituciones, organizaciones públicas y privadas, que hoy en día tendrán que duplicar esfuerzos a efectos de que estas reservas de biosfera que son áreas de gran valor natural y cultural donde se busca fomentar una relación equilibrada entre el desarrollo económico y humano sostenible y la conservación del medio ambiente, se pueda lograr la toma de una alta conciencia medioambiental que posibilite la conservación de los paisajes, de los ecosistemas y de la infinidad de especies que caracterizan a esta extensa zona; de igual manera, se debe procurar el desarrollo socioeconómico de las poblaciones humanas y capacitarlas en medio ambiente, desarrollo sustentable y ecoturismo.
Estas reservas de biosfera se reconocen como espacios excepcionales del planeta y están agrupadas dentro de la Red Mundial de Reservas de Biosfera. Una reserva de esta naturaleza, ayuda a proteger el suelo de la erosión, garantiza la cantidad y calidad de agua, es fuente de generación hidroeléctrica y se constituye no solo en un banco genético, sino también en pulmón del mundo y en un excelente regulador del clima, máxime cuando hoy mismo, estamos experimentando terribles y bruscos cambios de temperatura que nos puede llevar a tener graves períodos de sequía que provocaría, nuevamente éxodos dolorosos y masivos tal como ocurrió en la década del sesenta en nuestra provincia.
