Diego Lara León
Estábamos por terminar las clases de Alta Gerencia y nuestro profesor nos envió un deber: “Necesito que la siguiente semana hagan un pequeño estudio de mercado, vamos a estudiar cuan positiva o negativa es la gente que nos rodea”.
Para cumplir la tarea recuerdo haber hecho el siguiente ejercicio:
Puse en la sala de recepción de la fábrica que dirigía por ese entonces, cuatro de los jarrones mas hermosos que las hábiles manos de los artesanos habían fabricado y junto a ellos un jarrón que le faltaba una oreja y estaba notablemente descuidado.
Hice cien encuestas, era el número de casos que nuestro profesor había pedido. Ochenta y ocho personas hicieron mención al jarrón sucio y roto, solo doce encuestados dijeron que eran unos jarrones maravillosos los que estaban en ese lugar, pero siete de esas doce personas también hicieron mención a aquel jarrón maltratado.
Solo fueron cinco mis encuestados que no hicieron ni mención al jarrón deteriorado y que para lo único que tuvieron atención, tiempo y palabras, fue para elogiar la belleza de los jarrones, además preguntaron quien era el hábil artesano que los había fabricado, alguien hasta pidió precio para comprarlos.
Como no habíamos recibido mas directrices de nuestro maestro, preparamos un informe estadístico contundente: 88% de las personas fueron negativas, 12% de las personas fueron más positivas que negativas, y solo el 5% de la gente fue altamente positiva.
Al leer el informe, el profesor preguntó: “¿puedes describir a esas cinco personas que no dijeron nada sobre el jarrón sucio y dañado?”. Ventajosamente si tenía esa información: Los cinco encuestados fueron: una niña de aproximadamente nueve años de edad, un empresario exitoso que nos visitó, una pareja de personas de la tercera edad y una estudiante que llegó por un trabajo que yo había enviado a su clase.
¿Por qué ellos fueron los únicos que no vieron lo malo? Yo no pude contestar eso, pero el profesor si: “La niña, porque un niño no está contaminado aún con la negatividad del mundo y no ha perdido la capacidad de asombro. El empresario exitoso, porque justamente por eso es exitoso, por saber apreciar y colocar lo bueno sobre lo malo. La pareja de ancianos, porque tienen la sabiduría que dan los años, para entender que hay que priorizar lo bueno de la vida; y, ¿la estudiante joven?, no tengo respuesta dijo, lo único que te recomiendo es que la apoyes, son una especie en extinción.”
Solo por curiosidad pidió que describa a los tres encuestados que de forma mas contundente vieron solo lo negativo. Esto que voy a decir, es la verdad y nada más que la verdad: Los más críticos al feo jarrón y que ni cuenta se dieron de los jarrones hermosos que estaban junto a él, fueron: un profesor, un amigo mío que es medio opinólogo y un político que por ese entonces participaba por alcanzar un cargo de elección popular.
Inmediatamente mi profesor tomó un vaso que tenía agua por la mitad. Todos pensamos que vendría la típica pregunta ¿Ustedes que ven, el vaso medio lleno o medio vacío?
Pero no, levantó el vaso con el brazo totalmente extendido y nos preguntó: “¿Cuánto pesa este vaso?” Es complejo cuando te hacen una pregunta que no esperabas escuchar. La mayoría calculamos que debe pesar entre 250 y 300 gramos o 12 onzas como decían los abuelos.
NO, dijo con tono enérgico. Este vaso si lo sostengo un minuto pesa muy poco, casi nada, si lo sostengo una hora pesa más, si lo sostengo todo el día será muy pesado, será un suplicio sostenerlo.
El vaso con agua, así como las cosas negativas, son tan pesadas y tan dañinas dependiendo del tiempo que las sostengamos. Ustedes están formándose no solo para gerenciar una empresa, sino para liderar seres humanos. Ustedes serán mejores y harán mejores a sus colaboradores siempre y cuando aprendan a mantener poco tiempo los problemas, los resentimientos, el odio y la negatividad. Si no sueltan rápido eso, no tendrán tiempo de observar lo bueno de la vida, de las personas y de los negocios.
Una de las diferencias entre el éxito o el fracaso, entre vivir bien o vivir mal, entre hacer el bien o hacer el mal, es cuanta capacidad tenemos para mirar primero lo bueno, asombrarnos de las cosas cotidianas y agradecer a quienes las hacen posible.
Y ustedes a más de ver un vaso medio vacío o medio lleno, ¿Cuánto les pesa ese vaso?
@dflara
