Santiago Armijos Valdivieso
Acudí a un emprendimiento lojano en el que saboreé un delicioso croissant con dulce y otro con helado de chocolate. Su dueño es un joven profesional de carrera tradicional, quien, con amabilidad, me contó la historia de su iniciativa de emprender en un negocio para ganarse la vida. Entre otros detalles, me dijo que por dos años había presentado su carpeta para optar por un puesto de trabajo, tanto en entidades públicas como privadas, sin ningún resultado positivo. También me aclaró que su falta de trabajo se extendió a su intento de hacerlo en el libre ejercicio profesional. Frente a esto y, masticando su amarga decepción de haber dedicado tiempo, esfuerzo y dinero para graduarse en la carrera profesional tradicional por la que optó, decidió renunciar a ello y, consecuentemente abrazar la opción de emprender en un negocio propio, frente a la dura posibilidad de salir del país. Sin duda, esta es la situación de muchos de nuestros jóvenes cuyos sueños profesionales se truncan por la falta de empleo.
La realidad es que el desempleo campea y las proyecciones de solución son escasas, dada la difícil situación económica que rodea al Ecuador y a las escasas alternativas de formación en profesiones de vanguardia que ofrecen las universidades.
En Loja, el asunto se complica aún más, porque la lista de empleados del sector público se achica y la del sector privado no se incrementa debido a factores como la falta de inversión, el centralismo, la inseguridad y los engorrosos requisitos normativos y burocráticos para el nacimiento de los emprendimientos. Asimismo, el tema se torna más difícil debido a que nuestros jóvenes se deben conformar con una limitada opción de carreras universitarias de última data, pues, la oferta académica se concentra en ofrecer formación en profesiones tradicionales como, por ejemplo: abogacía, medicina, administración de empresas, ingeniería civil, contabilidad, arquitectura, pedagogía o economía, cuyos mercados laborales están saturados. Ello se contrapone con las nuevas necesidades ocupacionales actuales, en las que la tecnología y la innovación se imponen a paso galopante.
Profesionales de la comunicación digital, del diseño de entornos virtuales y páginas web, de la biotecnología, de la informática aplicada a la agricultura, de redes informáticas, de la robótica, del manejo de datos, de la inteligencia artificial, del Big Data, de la impresión en tercera dimensión, de la seguridad cibernética, del manejo de drones, entre otras; son muy cotizados y difíciles de encontrar y, a pesar de ello, los centros de educación superior siguen sin actualizar, suficientemente, su oferta académica.
Entiéndase que la aspiración de los nuevos profesionales debe apuntar a ofrecer servicios en cualquier rincón del Ecuador o al menos de América, y no solamente a la ciudad en la que se formaron.
Definitivamente, urge que nuestras universidades e institutos superiores tomen cartas en el asunto y, ojalá en un futuro mediato, la oferta académica se amplíe a carreras no tradicionales. Esto, sin duda, contribuirá también a superar el grave problema del desempleo en la ciudad y el país.
