Para los eternos soñadores, aquellos que caminan en las calles regeneradas de la ciudad pensando cómo “mejorarla’’, los bohemios defensores de la cultura y el ornato. Para ellos mi columna.
La magia de Loja, calificándola desde lo romántico recae en la pausa que hace durante la transición de pueblo a ciudad. Parecería incluso, forzada. ¿Esto es bueno? El crecimiento demográfico incita al desarrollo y crea necesidades cada vez mas complejas de satisfacer. Esto se soluciona con el aumento creciente de la infraestructura urbana, soluciones habitacionales vanguardistas y acceso a servicios públicos. En ese contexto las ciudades deberán su crecimiento a una simple pregunta: ¿Estoy viviendo en un lugar que me ofrece lo que busco?
Una mejor ciudad es posible, en la medida de que esta pregunta sea evaluada de forma positiva por sus habitantes, aquí la percepción generalmente juega un rol importante pero no puede ser nunca, mayor que las cifras oficiales. Y, por ende, se deberá trabajar desde el contexto general. Hasta el yo mas individual. Empecemos entonces por ser mejores ciudadanos, que realmente vivamos donde exista una conciencia de aporte directo a la sociedad, que enfoquemos esfuerzos sobre aquellas acciones que involucren una mejoría de lo contemporáneo, evitando delinquir, ayudando a otros o tomando buenas decisiones políticas.
Una mejor ciudad es una utopía que muchos nos jactamos de seguir, pero pocos en realidad lo hacemos. Empecemos pues, a proyectarnos varios años al futuro, alineemos nuestra vida a las corrientes globales de desarrollo y, sobre todo, dejemos atrás evaluaciones románticas. Una mejor ciudad es posible siempre y cuando prime la razón, la planificación y el trabajo en conjunto.
DARIO XAVIER ALEJANDRO RUIZ
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