Política nacional de fomento a la lectura

Luis Antonio Quizhpe

     Algunos países del mundo se han desarrollado porque han invertido en educación, como Singapur, Luxemburgo, Irlanda, Suiza, Noruega. Y han provisto a sus habitantes de servicios básicos, salud, alfabetización, sistema financiero ecuánime, practican políticas democráticas. Es imposible que los regímenes puedan hacer la revolución educativa desde el fanatismo de izquierda o derecha. La educación solo puede ser concebida como política de Estado y nada más.

     Quizá por ello el presidente Daniel Noboa Azín ha sorprendido al país con la propuesta: Política Nacional de Fomento de la Lectura, la Oralidad y Acceso al Libro del Ecuador, 2024-2030, cuya entidad ejecutora sería el Ministerio de Cultura y Patrimonio. Esto no se dio ni en el Correato ni en el Lasismo; en el Morenato se planteó la política pública a través del Ministerio de Educación “Juntos Leemos”, de la cual se desprendió el Plan Nacional de Promoción del Libro y la Lectura “José de la Cuadra”, el cual “no logró consolidar todos los objetivos propuestos ya que requería de una cuota temporal mayor”.

      Si esto pretende el gobierno debe iniciar asignando al Presupuesto General del Estado al menos el 8% del PIB para educación y cultura porque en este ecosistema figura la lectura, la escritura, la oralidad, la biblioteca, los maestros, los mediadores, las editoriales, los libreros, ambientes de lectura, las publicaciones, la democratización del libro. Y la idea no terminaría en el 2025 con la presidencia de Noboa, sino en el 2030, cuando, a lo mejor ya no lo sea.

     Lo cierto es que el plan está bien concebido. Arranca con el objetivo general: “promover el fomento de la lectura, la oralidad y garantizar el acceso al libro en todos sus soportes, desde una perspectiva democrática, inclusiva e intercultural que impulsen la reconstrucción del tejido social a nivel nacional”. Y figuran 25 metas específicas, aunque abarcaría los sustancial esta: “Garantizar el acceso a la lectura, la escritura, la oralidad y el libro a través de proyectos y planes, con un enfoque de inclusión en todas las zonas del país”.

     El plan arranca con un Marco Normativo Referencial y como líneas de trabajo transversal de las cinco agendas de los Consejos Nacionales para la Igualdad: 1) de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas, 2) igualdad de discapacidades, 3) agenda de igualdad intergeneracional, 4) para la igualdad de género y 5) agenda para la movilidad humana. Luego viene el diagnóstico situacional que tiene que ver con hábitos y comportamiento lectores, información e indicadores, plataforma para difusión de medios digitales, contenidos para los públicos, acceso territorial, oralidad, proceso de capacitación, bibliotecas y repositorios.

     Los ejes de acción del Plan van directamente relacionados con los objetivos y las estrategias. Así el Eje 1: Acceso, fomento y democratización; Eje 2: Infraestructura y patrimonio, Eje 3) Formación e investigación; Eje 4) Creación, desarrollo y sostenibilidad; Eje 5) Internacionalización, Eje 6) Comunicar para fomentar. Aunque los objetivos serían alcanzados al 2030, no deja de ser un aliciente para los ecuatorianos porque de ponerse en práctica vendrían días mejores para la educación ecuatoriana.