Don Pancho y Doña Anita

Diego Lara León

Hace un par de años, una empresa de la costa norte del Ecuador me pidió evaluar su manual de convivencia, el grupo directivo no veía que esté funcionando, sentían que el ambiente, el clima laboral y la convivencia no habían mejorado pese a los esfuerzos.

Aprovechando unos días de vacaciones, estuve una semana entera insitu, en la empresa, la única manera de hacer un buen diagnóstico es viviendo lo que viven aquellas personas que se va a evaluar.

Durante esa semana conocí a muchos colaboradores, entre ellos a Don Pancho, un experimentado fileteador del pescado, un hombre de 50 años. Me contó que antes de iniciar su jornada laboral, a las 07:00, es pescador, sale a las 3 de la mañana en su lancha y a las 6 ya está de regreso, vende la poca pesca en el mercado artesanal de su pueblo, con eso “medio me ayudo para los gastos de la casa”, me contó. Su esposa le lleva el desayuno al mercado, a las 06:30 toma el bus que en 25 min lo deja a una cuadra de la fábrica, tiene 7 hijos y su esposa es costurera, “la mejor del pueblo” según él.

Doña Anita en cambio es la encargada que las oficinas estén siempre brillantes y con un olor delicioso, pese a estar dentro de una empacadora de pescado. Doña Anita, vive con sus 2 pequeños nietos. Ella y su esposo, un hombre de la tercera edad, ex marino mercante, ya jubilado, se quedaron a cargo de los chicos, puesto que su hijo y su nuera, luego del terremoto del 2016, debieron migrar a Estados Unidos a trabajar, me contó con voz entrecortada como su casa cayó aquel sábado y con ella se derrumbó también el negocio familiar, una ferretería que nunca volvió a funcionar.

¿Por qué creen que les estoy contando la historia de estos dos trabajadores?  No fue al azar, sus nombres aparecían primeros en el listado de los trabajadores menos colaboradores de la empresa. Don Pancho había sido multado por no llegar a trabajar un día y Doña Anita, desde que no obtuvo un permiso que pidió, no era muy amigable con el equipo directivo.

Luego de la semana de mi visita, reuní a la Gerencia General, a los miembros del Directorio, al Gerente de Producción y al Director de Talento Humano. Les pregunté si conocían a Don Pancho y a Doña Anita. Como yo sospechaba, menos de la mitad de ellos los ubicaban. Enseguida pregunté si conocían a que se dedicaba la esposa de Don Pancho y donde vive el hijo de Doña Anita. Adivinen, no tenían ni idea.

Les conté que Don Pancho fue multado por no llegar a trabajar. El día que no acudió a la fábrica, piratas lo asaltaron en alta mar mientras pescaba, le robaron su poca pesca y el motor fuera de borda de su lancha. Estuvo a la deriva por horas hasta que un barco turístico lo rescató. También les conté que aquel permiso que Doña Anita solicitó y le fue negado, era para despedir a su hijo que se fue a trabajar en USA, ella no estuvo para darle la bendición al salir el bus.

No hubo necesidad de explicarles donde estaba el problema del clima, del ambiente y de la convivencia laboral de la empresa. Mi trabajo estaba realizado.

Y ustedes, ¿saben el nombre del nieto de la señora de la limpieza o en que trabaja en las noches el conserje del edificio?

                                                   @dflara