“SOLO UNA COSA TE FALTA…”

P. Milko René Torres Ordóñez

Hebreos, en el contexto de los escritos del Nuevo Testamento, recoge y transmite una profunda cristología que procura abordar el sacerdocio eterno de Jesucristo. Su autor ha compartido la esencia de un solemne sermón dirigido a los cristianos que sufren persecución y tienen dudas de fe. Señala expresamente que “la Palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos…”.

El anuncio del Reino de Dios contiene la sabiduría cuya trascendencia permanece misteriosa y rica en contenido con el paso del tiempo. En este singular manojo de hermosas enseñanzas, otro autor, uno del Antiguo Testamento, escribió en una lengua extranjera, ajena a la de sus padres, el libro de la Sabiduría. Ella personifica a Dios, autor, principio y fin de todo bien. De todo cuanto existe: “No se puede comparar con la piedra más preciosa, porque todo el oro, junto con ella, es un poco de arena y la plata es como lodo en su presencia”.

El autor del Salmo 89 recoge, con extrema sutileza, la tradición sapiencial de sus predecesores. Pide a Dios que nos enseñe a ver lo que es la vida: “Haz Señor que tus siervos y sus hijos puedan mirar tus obras y tu gloria”. Este mosaico de riqueza espiritual y literaria muestra, más allá de cualquier argumento en contra de una verdad divina, que cuanto existe lo tenemos por pura bondad de Dios. Toda creatura es transparente para ella. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas. El rey Salomón pidió a Dios sabiduría para gobernar con ética a su pueblo. San Marcos, en el cruce de los caminos, muestra la huella de Jesús. Regala a sus lectores una historia con una estructura tan perfecta como la armonía de una obertura musical. Un hombre corre a su encuentro.

De rodillas ante Jesús lanza la pregunta que suscita un torbellino de enseñanzas. Intensas e inabarcables como las estrellas del firmamento: “Maestro bueno, ¿Qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?”. La respuesta, un viaje al interior del ser humano, le deja más desconcertado que en su primer encuentro. El lenguaje de Jesús, directo y sublime como todo acto de amor, abarca lo inimaginable. Conoce el corazón. Del que nacen los buenos propósitos. La mirada de Jesús expresa mucho. Profunda como el abrazo del más grande amor. Está persona conoce de memoria la ley mosaica. Los mandamientos y sus consecuencias. Una simbiosis perfecta de sabiduría y búsqueda de la verdad. “Solo una cosa te falta…”.

En el devenir del tiempo y de las circunstancias nada satisface. El vacío existencial debe llenarse con discernimiento. La regla de oro de esta joya espiritual tiene un complemento: “Ve y vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos”. ¿Algo más? El tesoro tan valioso como la felicidad de una madre que entrega su hijo a Dios: “Después, ven y sígueme  …”. El broche de oro del drama que relata San Marcos contiene el elemento imprescindible: “El hombre se entristeció y se fue apesadumbrado porque tenia muchos bienes”. Jesús, asombra otra vez.