Diego Lara León
Por recomendación de lojano de cepa, empecé a hojear inicialmente y luego a devorar las páginas de un libro maravilloso, bueno casi todos los libros son maravillosos. Me refiero a “Leyendas, Tradiciones y Relatos Lojanos”, del inmenso lojano profesor David Pacheco Ochoa, quien fue maestro de niñez y juventudes, músico, investigador y cronista. Uno de los mas queridos y recordados directores de la emblemática escuela Miguel Riofrío. Fue designado con sobra de merecimientos como “cronista vitalicio de Loja”. Designación que hoy la ostenta también con sobra de merecimientos mi querido y admirado amigo Efraín Borrero Espinoza.
Apenas empezando la lectura de “Leyendas, Tradiciones y Relatos Lojanos”, me cautivó la dedicatoria que el autor hace. Dedica como buen lojano, su libro a la “sultana del Sur”, como él denomina a nuestra Loja, la describe “cual gema engastada en el paisaje milenario de las cumbres andinas”.
Dedica también este libro “a los auténticos paisanos, paradigmas de honradez ancestral y trabajo creador”. Y finalmente, “a todas las personas que, en solar nativo, jamás se comportan cual extraños, sino que, viven siempre vigilantes de las cosas positivas del acaecer diario; y en esta edificante actitud, constantemente bregan por ver a su tierra en alas venturosas de la prosperidad, el bienestar y la justicia social”.
Son varios relatos genialmente plasmados en este libro, que nada más y nada menos los destacados y respetados lojanos Dr. José Miguel Mora Reyes, Dr. Luciano Laso Ortega y Dr. José María Vivar Castro, el 16 de mayo de 1968 lo calificaron como UNA JOYA EN EL ALBUM DE LA LITERATURA SELECTA LOJANA. Yo, como aprendiz de escritor, con este libro tengo “harto” material para contarles cada viernes en mis editoriales.
Hoy quiero compartirles uno de los relatos lojanos de este libro del Profesor Pacheco. NO ERA CONDOR SINO UN HOMBRE, narra una de las historias del Capitán Cosme Renella, precursor de la aviación en el Ecuador. Describe con la genialidad de un erudito de las letras como el Capitán Renella, llegó por primera vez y por un “afortunado” incidente a Macará y a Loja.
En aquellos días a finales de 1924 “pese a que se estaba en los primeros tiempos o albores del telégrafo, de la telegrafía sin hilos, la radio apenas sonaba, como un reguero de pólvora corrió por todos los confines del país, la infausta noticia de la pérdida del Capitán Cosme, sin suponerse siquiera, que se hallaba sano y salvo en un hermoso girón de la zona fronteriza”.
Lo que había pasado es que, por el clima adverso, tuvo que aterrizar en una INVERNA de un lindo pueblito llamado Macará. “Los centenares de espantados y atónitos habitantes macareños concurrieron, atravesando el anchuoso río, para ver, qué era ese extraño objeto que con tanto estruendo cayó y se hundió en la inverna”. Ellos fueron los primeros lojanos que vieron en vivo y en directo al gran Cosme Renella, salir del avión sano, salvo, “rocoto” y orgulloso.
Varios fueron los días que el Capitán Renella, pasó en Macará, hasta recibir los repuestos necesarios para poner de nuevo en el aire a su fiel compañero de metal. Está de más decir que durante su estadía fue atendido con la generosidad y calidez que los macareños brindan a sus visitantes. Una vez que los repuestos llegaron, vía el Puerto de Paita, emprendió rumbo a sus siguientes aventuras.
Mientras esto sucedía allá donde empieza y termina la patria, en Loja ya se conocía de la visita del Capitán Cosme a Macará, así que se hicieron todas las gestiones para que, también visite Loja.
Así fue como en diciembre de 1924, la “pequeñita ciudad” se preparó, se vistió de gala, para recibir y aclamar a tan célebre aviador.
Anécdota aparte fue la confección de un traje para el ilustre visitante, pues al aterrizar forzosamente en Macará no tenía vestimenta apropiada para su entrada triunfal a la ciudad de Loja.
El Gobernador de esa época, pidió que “venga el mejor sastre de la ciudad”. Sus ayudantes le recomendaron: a Don Asanza “nadies” mejor que él. Otro dijo que Don Romero y otro dijo que “mas mejor sería el joven al que le dicen el Pajarito Vásquez”.
Finalmente, y mientras escribo estas letras, me acabo de dar cuenta que estamos próximos a cumplir cien años de la primera vez que un pájaro de acero aterrizó en tierras lojanas.
@dflara
