Campos Ortega Romero
El expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica, sorprendió el sábado 19 del presente mes al presentarse ante una multitud de un mitin político, una semana antes de las elecciones nacionales de Uruguay, en su alocución, manifestó que: “Soy un anciano que está muy cerca de emprender la retirada de la que no se vuelve, pero soy feliz porque están ustedes, porque cuando mis brazos se vayan habrá miles de brazos sustituyendo la lucha”, aseveró Mujica durante el acto para respaldar al candidato presidencial de su partido, el Frente Amplio, Yamandú Orsi. Recordamos que los hermanos uruguayos irán a elecciones generales el 27 del presente mes para escoger al sucesor del presidente Luis Lacalle Pou y renovar la cámara de diputados y senadores.
A mediados de la década de los sesenta, Pepe Mujica participó en el génesis del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), la construcción de una organización que, desde la clandestinidad, permitiese al pueblo uruguayo defenderse y resistir una anunciada dictadura. Allí, participó en operativos guerrilleros en defensa de la libertad de los pueblos, donde resultó baleado y fue prisionero en cuatro ocasiones. Durante un período de casi 15 años, fue sometido a brutales torturas en prisión. Con el retorno de la democracia a Uruguay, junto a otros presos políticos fue liberado tras una amnistía.
El periodista del diario uruguayo, Lucho Brecha, reseña algunos momentos del cautiverio de José “Pepe” Mujica: En otoño de 1984 usted recuperó la libertad en el marco de la rigurosa incomunicación que sufrió, ¿cuáles eran los síntomas de vida?
Formaba parte del grupo “los rehenes” que nos rotaban por las unidades militares y en una de ellas estuvimos cerca de dos años en un pozo subterráneo, sin movilidad, aislados del mundo y de nuestros afectos. El síntoma más evidente de vida eran siete ranitas a las cuales las alimentaba con miguitas de pan. ¿Sabes que las hormigas gritan? Lo descubrí al ponerlas en el oído para entretenerme. Y, por qué no admitirlo, ciertos gestos solidarios de algunos soldados tocados ante la siniestra represión que se animaban a intercambiar un par de palabras o darnos una manzana, un huevo. Tuve siete años sin leer nada, salvo unos pedazos de diarios.
Me imagino su mirada cuando volvió a mirar la luz del día. (Silencio). Para nosotros el sol fue saliendo de poquito y la primera vez, lo sentí hasta las lágrimas. En el ínterin para comunicarnos apelamos al morse también con voces, estornudos, nos pasábamos señales de vida. El sueño nuestro cuando nos sacaban al baño era encontrar en vez de papel higiénico pedazos de diarios viejos para saber que pasaba afuera. El “Ñato” Fernández Huidobro les hacía dibujo de los jugadores de fútbol famosos y se los canjeaba a los guardias por yerba o tabaco; otros le escribían cartas de amor para las novias de los soldados. Formas de sobrevivencias… En los primeros tiempos durante meses estuvimos con las manos atadas en la espalda con alambres.
Sigamos con esta síntesis histórica. Una resistencia y una dignidad que se vio coronada cuando miles de uruguayos lo fueron a esperar a la puerta de la cárcel.
Pucha que fue tremendo. Fue un abrazo fraternal interminable con todos. Aunque no puedo dejar de señalar que nunca deje de ser libre. En todos los años anteriores percibí esa sensación porque descontaba que mis compañeros de cautiverio estaban en la misma porque los conocía, lo mismo que sabía que íbamos a seguir en la lucha. Puede sentirse como una monstruosidad, aparente, lo que voy a decirle… le doy gracias a la vida porque lo que he vivido, porque si no hubiera pasado esos años, de aprender el oficio de galopar para adentro para no volverme loco de pensar, me hubiera perdido lo mejor de mí mismo. Me obligaron a remover mi suelo y por eso me hice mucho más socialista que antes. Ellos triunfan –la oligarquía de siempre– cuando nos hacen bajar los brazos.
Pepe Mujica, el militante eterno, el último líder de su generación, el hombre de 90 años al que hace algunos meses le diagnosticaron cáncer de esófago, cerró la que posiblemente será la última campaña política de su vida deja un discurso con tono de despedida: “Cuando mis brazos se vayan, habrán miles de brazos sustituyendo la lucha”. Su jugada final fue anticiparse al futuro: garantizar la renovación del Frente amplio y asegurarse de que –las ideas a las que dedicó toda su vida permanecerán sin él. Sin su irreverencia, su discurso, sus pausas. Sin la voz del último político al que todos –en el encuentro y desencuentro- escuchan, señala Soledad Gago.
En su emotivo discurso en el mitin de cierre de campaña del Frente Amplio, llamó a continuar la lucha por un mundo mejor, para lograr el desarrollo del país para tener los medios para formar a las generaciones futuras. “No al odio, no a la confrontación. Hay que trabajar por la esperanza” resumió antes de añadir: “Tengo que darle gracias a la vida, porque cuando estos brazos se vayan van haber miles de brazos” Y se despidió con un emotivo: “Hasta siempre, les doy mi corazón y gracias”. Así sea.
